Drogas con mirada de abuelo

Desde enero del 2013 la Comisión Asesora para la Política de Drogas en Colombia trabajó en varias regiones por instrucciones del Gobierno Nacional con el fin de hacer una evaluación retrospectiva de las diferentes dimensiones de la política de drogas en el país

Villavicencio ya no es lo mismo que antes, acostumbran a decir los abuelos que vieron crecer un pueblo tranquilo y con personas que se conocían entre sí y se apoyaban mutuamente. Igual sucede en municipios como Granada, Acacías y Restrepo, entre otros.

Las evidencias les dan la razón a nuestros mayores. De esos municipios en los que transcurrían los días en medio de una cotidianidad sosegada ya queda muy poco. Fenómenos como la delincuencia, la desintegración familiar y la drogadicción están cambiando ese panorama social.

Hablando con algunos de ellos, de las cosas que los sorprende y aún no se acostumbran es la manera cómo abiertamente los jóvenes de ahora consumen drogas en los parques, zonas públicas y vías de la ciudad, sin ninguna prevención.

Y nuevamente la realidad da la razón a la percepción de las personas de la tercera edad, pues mientras hace unos años éramos una región exportadora de de sustancias ilícitas, ahora decidimos consumirla.

Apenas hace 22 años, en 1996, seis de cada 100 personas aceptaba haber consumido drogas; y en 2013 esta cifra subió a 12 personas. En marihuana vamos en 26 de cada 100, y en cocaína, en cinco de cada 100, según cifras del Viceministerio del Interior.

Esa misma dependencia reportó que, de las 800 nuevas sustancias psicoactivas existente en el planeta, ya tenemos 32 que se pueden comprar en Colombia. Además del crecimiento sin precedentes de las hectáreas sembradas con coca, la productividad de la mata creció en un 31%, lo que quiere decir que hoy la variedad de las semillas que han llegado son mucho más fuerte que años atrás.

Desde enero del 2013 la Comisión Asesora para la Política de Drogas en Colombia trabajó en varias regiones por instrucciones del Gobierno Nacional con el fin de hacer una evaluación retrospectiva de las diferentes dimensiones de la política de drogas en el país y generar una serie de recomendaciones que le permitan al Gobierno diseñar una política contra ellas. Si bien es cierto que esta instancia concluyó que el narcotráfico ya no es una una amenaza para la institucionalidad del Estado, sí es un riesgo latente para minar desde adentro a las familias colombianas.

El Gobierno Santos descuidó uno de los eslabones más importantes de la cadena, la producción. Los acuerdos de paz obnubilaron la realidad que sucedía en zonas productoras como el Meta: Ya no somos exportadores, somos consumidores, y en grandes cantidades, de las sustancias psicoactivas. Un panorama triste que solo nuestros abuelos parecen dimensionar en el daño y degeneración que significa eso para el futuro de nuestras ciudades que ya no volverán a ser igual.