Editorial: Feliz año, con calma

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No hay opciones. Aunque muchos queramos sacudirnos de encima este año, el primero de enero las cosas no cambiarán mágicamente y el virus seguirá vigente en el 2021.

Si las tasas de contagio aumentan como en estos últimos días, la realidad  no será diferente a los últimos nueve meses. Aunque el Gobierno Nacional ya se comprometió con iniciar la vacunación en Colombia para el mes de febrero, y el alcalde Felipe Harman tiene montado un plan para las jornadas en Villavicencio, hay que ser claros que los primeros meses del año serán difíciles y será necesario continuar exagerando las medidas de autoprotección. 

Aunque muchos quieran volver a la normalidad, será difícil regresar a ella como la conocíamos antes de la pandemia. Es más, como propósito de año nuevo, deberíamos asegurarnos no volver a esa normalidad que nos enseñó que muchas cosas se están haciendo mal en el planeta y atentamos contra nuestra propia existencia.

El año que termina fue particularmente extraño para muchos, pero también nos preparó para los desafíos que podrían traer fenómenos como el cambio climático  

Este año nos deja muchas lecciones: la frágil levedad de nuestra existencia (como diría Milán Kundera), lo fugaz que puede ser la vida como para enfrascarnos en odios y la importancia que tienen cosas tan sencillas como un estrechón de manos o un abrazo. 

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Pero también a los gobiernos les deja la lección de poner en sus agendas los debates sociales sobre la manera en que vamos a convivir en el futuro como civilización. ¿Será necesario restringir algo de libertades colectivas para que tengamos mayores seguridades en lo individual?

Algunos de los mayores controles sociales como el régimen de China, han logrado mantener el coronavirus a raya, a cambio de mayor vigilancia y restricciones a cada individuo. Es más son varios activistas los que denuncian que las restricciones se hacen visibles en diferentes países bajo la forma de violación de los derechos, de militarización de territorios, de represión de los sectores más vulnerables.  

Esta generación nunca vivió un estado de cuarentena global, nunca nos imaginamos cómo sería estar encerrado y pensar en si habrá o no la comida básica en la tienda para alimentarnos.

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Por eso será necesario asumir el 2021 con una actitud más solidaria con los semejantes, aunque sea difícil de que esta situación se pueda presentar. Basta decir que el mayor argumento por las riñas en Villavicencio se da entre vecinos por tener volumen alto. ¿Si no somos capaces de controlar este tipo de situaciones, cómo cambiaremos aspectos más relevantes de nuestro comportamiento colectivo? Feliz año.

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