Editorial: Lo que indican los índices

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Aunquelos informes han pasado intrascendentes para el ciudadano común, dos índices que miden el bienestar justamente de ese habitante de a pie han dejado mal parado a Villavicencio, al Meta y a sus dirigentes.

Se trata del Índice de Competitividad Nacional, realizado por la Comisión Nacional de Competitividad y la Universidad de Rosario, presentado en julio pasado, y esta semana el Índice de Ciudades Modernas (ICM), del Departamento Nacional de Planeación (DNP).

En ambos, la capital de Meta ocupa muy discretas posiciones en los ranking que, groso modo, compara de una manera técnica y objetiva algunos ítem entre ciudades capitales que deben generar crecimiento y oportunidades para quienes en ellas habitan.

En términos generales estamos muy, muy atrasados en alcanzar niveles aceptables en temas como competitividad, sostenibilidad, facilidades para crear empresas, gobernanza, tecnología, innovación e inclusión social, entre otros aspectos, que han medido los dos estudios.

Aunque al actual mandatario de la ciudad, Felipe Harman, aún no le cabe responsabilidad, su misión por romper esa brecha de desarrollo con otras ciudades sí la podrá marcar en el futuro. Muchos de esos índices de medición tocan directamente a las personas, a los villavicenses, porque cada una de ellas bloquea o empuja a tener oportunidades de generar riqueza, o al menos bienestar.

He ahí lo preocupante de estar rezagados. Básicamente lo que nos dicen esos estudios, de manera cuantificable, es que la ciudad en los últimos años no ha ofrecido las posibilidades suficientes para hacer que sus ciudadanos vivan mejor. Grave, porque se supone que sus dirigentes todos han prometido justamente eso.

Daniel Gómez, subdirector Sectorial del DNP, lo define perfectamente calificando que estos ranking tienen que ser un instrumento para que los mandatarios locales, las gobernaciones, sector privado y sociedad, puedan monitorear el estado de nuestras ciudades y ver los retos inmediatos que tenemos.

Los planes de desarrollo diseñados para Villavicencio y para el Meta deben llenar en la práctica los vacíos sociales sobre los cuales alertan los índices. Solo a través de planificación de territorio podremos pensar en que nuestros hijos puedan tener una mejor ciudad, y una mejor región.

Esperamos que en tres años la pandemia y sus efectos no sean la excusa para dejar a medias estas tareas, como queda evidenciado que lo han dejado las últimas administraciones. No pueden seguir pasando alcaldías, gobernaciones, gremios y sociedad civil sin proyección hacia el futuro, sabiendo que hay una ruta trazada para mejorar.