El elefante caminó la vía al Llano

Si a Ernesto Samper se le coló un elefante a la Casa de Nariño, a Juan Manuel Santos se le paseó por toda la vía al Llano. Es que la sensación de impotencia que tenemos los llaneros por estos días es solo comparable con las muchas otras veces en que por culpa del abandono con la que han tratado a la región, también nos hemos sentido impotentes.

No ha sido suficiente que los canales de televisión, los principales periódicos del país, redes sociales, los organismos de control e incuso el mismo Gobierno haya dicho de todas las formas posibles que el contrato de concesión de la vía al Llano, firmado por el Gobierno Santos, fue lesivo para los intereses de la región…nada se podrá hacer.

Si de amarrar contratos saben en las altas esferas es precisamente para que mediante vericuetos jurídicos y otrosíes se pueda doblegar el presupuesto de una nación, y este es un ejemplo claro.

En este caso, como lo hemos venido diciendo desde hace más de dos años, la nuez de todo este asunto de la vía al Llano es el contrato adjudicado al privado en el que no solo se le desvincula de la responsabilidad del mantenimiento de las obras que este mismo concesionario hizo, sino que además se dejó al Estado sin dinero para poder invertir en su mejoramiento o en obras urgentes como las que se necesitan.

Y otras dos perlas: no se planeó una solución técnica definitiva para los puntos críticos. Además, aunque por el valor no parece importante, comparado con tanto dinero que se ha movido en la vía Llano, pero la Contraloría realizó un hallazgo fiscal “por un total de más de 2.000 millones de pesos, de los cuales 1.883 millones de pesos corresponden al pago de la comisión de éxito del proyecto Chirajara- Fundadores sin cumplimiento de los requisitos fundamentales para su reconocimiento”.

“El otro hallazgo fiscal, por $149 millones, tiene que ver con pagos por concepto del Panel de Amigables Componedores para actividades que no correspondían a controversias”. Todo parece indicar que nada se ha manejado con total transparencia y en la actual coyuntura es bueno buscar el muerto “montaña arriba”, pues parece que se nos olvida rápidamente la historia de la carretera. Por estas cosas, y a pesar de las citaciones al Congreso, las editoriales y los llamados de atención de los entes de control, no se podrá hacer nada porque a quienes nos tocará pagar el valor de esos errores, será a cada uno de los colombianos.

Parodiando al verdadero Nobel colombiano, “las generaciones condenadas a cien años de corrupción parece que no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Publicidad