En la agricultura familiar está la superación de la pobreza rural: estudio de la U. Javeriana

La agricultura familiar podría ayudar la pobreza rural.

Una investigación de la Pontificia Universidad Javeriana centrada en los ingresos y la eficiencia de la agricultura campesina demuestra que la agricultura familiar es viable económicamente, incluso en condiciones poco favorables.

Este trabajo ratificó que la mayor fuente de ingresos de los campesinos proviene de las actividades agropecuarias en sus propias parcelas. Los demás ingresos están asociados a actividades como jornales, tiendas, mototaxismo, caza, pesca, remesas y subsidios.

“Calculamos con alto nivel de detalle los ingresos campesinos y los números demuestran que la actividad agropecuaria en estas zonas sigue siendo el sustento de muchas familias”, afirma Claudia Sofía Rodríguez, investigadora principal y quien realizó el doctorado en Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana con este trabajo.

La agricultura familiar fue establecida bajo la ley 135 de 1961. Allí se definió la Unidad Agricultura familiar—UAF—como la explotación agraria que depende directa y principalmente del trabajo de la familia hasta el segundo grado de consanguinidad. Este puede requerir, eventualmente, la contratación de mano de obra extraña al núcleo familiar según se requiera.

Entonces, la UAF sería la extensión mínima de tierra que debe permitir a un campesino obtener un ingreso aproximado de dos salarios mínimos legales vigentes. Se calculan de acuerdo con las condiciones del suelo, clima, desarrollo socioeconómico regional, infraestructura vial, entre otras variables.

Con el tiempo ha habido más reglamentaciones, la más reciente fue publicada a finales de 2021 por el Ministerio de Agricultura, en donde se actualizan las normas de acceso a la tierra que se supone, permiten la producción campesina.

El análisis se basó en 143 estudios de caso con los que se analizaron igual número de fincas para conocer la realidad económica de los campesinos. Para la estratificación se tuvo en cuenta la Unidad Agrícola Familiar —UAF— de cada zona seleccionada, y se definieron tres estratos: microfundistas, minifundistas y pequeños productores.

“Los datos son contundentes en este sentido, ya que los pequeños productores agrícolas, estrato que para el estudio son los que tienen mayor disponibilidad de tierra, superan la línea de pobreza en el 100 % de los casos. Por su parte, los minifundistas (con menos tierra que los anteriores) la superan en el 75 %, y los microfundistas (con mínimas parcelas) en el 39 %”, explica Rodríguez.

Indica, además, que el Excedente Familiar de Producción Neto —EFPN—, o “lo que le queda” efectivamente a una familia por el trabajo invertido en sus sistemas productivos agropecuario (fincas, parcelas) descontando los costos, intereses pagados a los bancos o prestamistas y las rentas de la tierra (arrendamientos o pago con parte de lo producido al propietario del predio), supera, en promedio en un 80 % la línea de pobreza. Sobre el total de casos analizados, el 58 % obtiene ingresos que superan esta línea.

Adicionalmente, la investigadora estimó el indicador Remuneración Día del Trabajo Familiar-RDTF, el cual encontró que mensualmente la familia en su propia finca obtiene un ingreso en promedio 2,6 veces superior al salario mínimo legal vigente  —SMLV—. El 90 % de los casos supera el SMLV.

“Esto contradice completamente la idea que se tiene de que el campesinado es siempre pobre y marginal, porque incluso en zonas que no tienen condiciones tan favorables, la viabilidad de los sistemas de producción es muy alta”, sostiene Forero. La información la recolectaron en 2016 pero fue proyectada a precios de 2019, cuando el salario mínimo colombiano era de $828.000.

Con estos resultados, los investigadores resaltan que la pobreza rural de ninguna manera es producto de la ineficiencia en la producción. “Está explicada fundamental y determinantemente en el acceso a la tierra. La mitad de los campesinos colombianos tienen menos de una hectárea y un poco más del 70 % tiene menos de una Unidad Agrícola Familiar – UAF, es decir, no cuentan con la extensión mínima para generar los ingresos básicos de la familia”, aclara el profesor Forero. En las tres zonas del estudio, únicamente se encontraron dos sistemas productivos que alcanzaron a tener la UAF, menciona Rodríguez.

Los campesinos incluidos en la investigación demuestran ser muy eficientes cuando trabajan en sus propios sistemas productivos agropecuarios y llegan a reportar ingresos más altos que cuando realizan actividades como el jornaleo u otro tipo de trabajos. Esto los sitúa como actores protagónicos, no solo en la superación de la pobreza rural, sino también en el sistema alimentario del país, ya que abastecen masivamente los mercados urbanos al mismo tiempo que, en promedio, ofrecen doce productos diferentes por finca.

“Si bien pareciera que la actividad campesina del país quizás tiende a acabarse, lo que hemos encontrado en estas décadas es que los sistemas de producción campesina, o si se quiere, las fincas o parcelas de los campesinos son viables económicamente”, afirma Jaime Forero, profesor del Departamento de Desarrollo Rural y Regional de la Javeriana.

Las entidades del Estado basan sus análisis en la información recolectada en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) realizada por el DANE, en la que preguntan  principalmente: ¿cuál fue la ganancia neta del negocio o de la cosecha durante los últimos doce meses?

Al responder la última inquietud, los encuestados declaran ingresos muy inferiores a los detectados por esta investigación. “Las encuestas no están dando cuenta de los ingresos de los agricultores familiares, los cuales son drásticamente subvalorados” dice Rodríguez.

“Esto nos lleva a una hipótesis y es que la pobreza rural en Colombia es mucho menor de lo que están reportando las estadísticas. Las preguntas realizadas en las encuestas presentan limitaciones, ya que tienen un sesgo urbano”, sostiene Forero.

“Los ingresos y la realidad económica productiva de los agricultores familiares y campesinos no están lo suficientemente bien dimensionados y calculados. Esto afecta directamente las políticas para esta población”, añade.

Otro tema que llamó la atención de los investigadores es que hay elementos adicionales que impiden a ciertas poblaciones superar la pobreza: la avanzada edad de los productores, así como las enfermedades o discapacidades (asociadas a la no utilización de equipos de protección, al mal manejo de plaguicidas  y  a accidentes en el trabajo) que dificultan el normal desarrollo de la actividad agrícola.

En estos casos, quienes tienen tierra prefieren arrendar sus fincas y dedicarse a otras actividades porque no cuentan con un sistema de protección social que les ayude aliviar atender estas necesidades particulares.

“Este estudio con representatividad estadística a nivel de las zonas estudiadas, ratifica lo que hemos encontrado en décadas de investigación: que aún en condiciones poco favorables, la economía campesina tiene todas las potencialidades para superar la pobreza rural, a cambio de que se haga efectivo su derecho a la tierra que les pertenece desde la colonia” , finaliza Forero.