Editorial: Encuesta inoportuna

¿Qué tan necesaria es una inversión en una encuesta?

Por alguna razón, las encuestas carecen de la virtud de dejar a todos contentos. Es mucho pedir porque, como en las competencias atléticas, solo uno gana y los demás pierden, cualquiera que sea la disculpa que esgrima el resto para validar su “triunfo” o buena posición en la “carrera”.

Las encuestas incomodan en época de elecciones porque generalmente son amañadas, ganan quienes las contratan y dejan ofendidos a los que pierden; ni hablar de algunas que miden audiencias en los medios de comunicación y cada periodista interpreta a su gusto el resultado, o aquellas que miden la popularidad de un político y que curiosamente se publican en momentos coyunturales del país.

En lo que sí tienen virtud las encuestas o los sondeos es en causar polémica y debate entre la opinión pública y, a lo mejor, con ese objetivo se realizan.

Los resultados de una muestra reciente reflejan la percepción acerca del manejo de la pandemia del coronavirus por parte del gobierno y de los mandatarios locales en Colombia. En la misma, el gobernador del Meta, Juan Guillermo Zuluaga, y el alcalde de Villavicencio, Felipe Harman, aparecen de segundos entre quienes “mejor han manejado la crisis” del Covid-19.

Editorial: Cambios obligados

La encuesta, contratada por el senador Armando Benedetti, pese a que es nacional, solo consultó a 1.848 personas en todo el país, lo que sugiere un universo poblacional muy pequeño. Sin embargo, al margen de eso, consideramos inoportuno un sondeo en donde justamente deja la sensación descrita arriba: satisfacción entre los mandatarios que figuraron primeros, pero desazón entre la comunidad que no ha recibido las ayudas y esperan que alcaldes y gobernadores del país respondan a esas necesidades.

No desconocemos los esfuerzos administrativos y físicos que han hecho Zuluaga, Harman y sus equipos de trabajo por manejar una situación inédita en el mundo, sus rostros cansados en la mayoría de alocuciones reflejan la angustia y el estrés al que se enfrentan todos los días para lograr que la menor cantidad de personas sufran y que la curva de contagio no se eleve para mantener controlado el virus. Las gestiones, ante las entidades nacionales, y el afán para que asuman sus responsabilidades es innegable.

No obstante, lo que vivimos no es un concurso de popularidad, ni una competencia entre regiones sobre quién tiene menos contagios. Esta tragedia, si se puede comparar con algo, se parece más a una carrera de largo, muy largo aliento, en el que al final el trofeo es salvar vidas y salir airoso de la mejor manera posible, de paso, salvando la economía y los puestos de trabajo.

Sería muy temprano celebrar triunfos cuando la tragedia aún no se resuelve.

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