Editorial: Cambios obligados

Editorial 253: Cambios Obligados

La pandemia nos cambiará. Los más optimistas dicen que debemos prepararnos para una
transformación total en todos los niveles de la sociedad, replantear nuestros hábitos y revaluar nuestros oficios.  Los más pesimistas advierten un aumento de la pobreza extrema y hambrunas en distintos lugares.

Lo que resultaría una tozudez es insistir en seguir haciendo lo mismo que antes de la pandemia y, como dicen algunos en redes sociales, “añorar que todo vuelva a la normalidad”. No, si hay algo realista en todo esto, es que pocas cosas volverán a ser “normales”.

De hecho, estas semanas de confinamiento nos debería servir a todos para advertir esa “nueva normalidad” en la que poco a poco hemos venido cayendo, con el objetivo claro de frenar el contagio del virus que en el mundo ya deja más de dos millones de enfermos y 230.000 muertos en solo tres meses.

Uno de los cambios inmediatos debería ser el de los hábitos de consumo. Aprender a vivir con lo básico y no con los lujos innecesarios que, queramos o no, entre más extravagantes, tienen un mayor impacto en cadena sobre la naturaleza. Eso sería un paso necesario en la etapa pospandemia.

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Sin embargo, creemos que será difícil de que ello ocurra, al menos en el inmediato futuro, pues hoy las economías del mundo están por todos los medios tratando de dar la largada para reiniciar la producción en masa y con ello, por ejemplo, disminuir las reservas de petróleo que están al tope para recuperar los niveles de sus precios.

En lo local, el Gobernador del Meta y alcalde de Villavicencio presentaron sus proyectos de inversión y esbozaron lo que serán sus planes de desarrollo, pero sin dudas estos sufrirán cambios inevitables que tendrán impacto directo en la transformación social que se pedía a los nuevos mandatarios.

Dichos planes fueron estructurados en momentos en que el mundo no afrontaba una recesión económica y los precios de los hidrocarburos tenían perspectiva de mejoraría. Es decir, había plata de dónde financiarlos, hoy no.

Sí, es cierto, las cartas de navegación de las administraciones territoriales tendrán que cambiar para adecuarse a las necesidades y desafíos que dejará la pandemia en las regiones, pero también debe servir para empoderar a las comunidades y exigir cerrar esas
brechas que evidenció aún más el coronavirus.

Inversiones en salud, saneamiento básico, conectividad tecnológica y educación superior no
podrán ser un adorno en esos retoques de los planes de desarrollo sino obligaciones de los mandatarios.

¿Y los corruptos? Ahora más que nunca castigos ejemplares porque pensar en robarse un peso en esta nueva era que viene será tanto como un delito de lesa humanidad.

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