Entre el impacto ambiental y desarrollo urbano

El parque Alma Viva se convirtió en motivo de debate sobre la necesidad o no de talar árboles.

Aunque la administración municipal asegura que el impacto ambiental será mínimo, el hecho de que se talen 369 especies arbóreas resulta preocupante para la ciudadanía.

Por Natalia Chipatecua y Laura Camila Salazar

Recientemente se conoció la solicitud por parte de la administración municipal para talar 397 árboles en el Parque Metropolitano Alma Viva. Frente a la manera en que se intervendrá el lugar, mucho se ha dicho sobre el impacto ambiental que esto ocasionaría, más aún, en medio de una degradación ambiental y las condiciones actuales de la crisis climática. Una práctica realmente preocupante en donde, irónicamente, se pretende ejecutar en un parque ya con esencia ecológica.

Las razones que llevaron a la alcaldía a solicitar este ‘arboricidio’, como la han calificado los contradictores de la medida, corresponden a la condición física del parque que no permite el acceso y el aprovechamiento del lugar por parte de la ciudadanía.

La densa protección forestal con la que cuenta el parque en este momento impide que se puedan construir puentes peatonales, recorridos y senderos, así como los criterios de diseño y ocupación, necesarios para que el parque pueda usarse. A su vez, argumentan los arquitectos del parque que será un espacio armonioso con un “impacto ambiental mínimo”.

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Harold Barreto, secretario de Infraestructura, afirmó para el medio digital Decibeles que: “el impacto será del 1.5 por ciento. El parque no tiene accesos físicos para poder ser usado, esta intervención es necesaria para poder solucionar un problema de acceso que tiene el parque y poder garantizar la intervención. La infraestructura que tenemos diseñada es netamente recorrido peatonal para poder contemplar todo el parque y una infraestructura de equipamiento que es el museo, distribuido a lo largo de todo el parque”.

El Parque Metropolitano Alma Viva, con un componente forestal amplio dentro de 21 hectáreas y considerado por muchos lo que sería el pulmón de la ciudad, alberga más de 26.000 árboles, necesarios para conseguir oxígeno y mantener la calidad ambiental para la supervivencia de miles de especies.

Sin embargo, Periódico del Meta ha insistido hablar con los funcionarios responsables del proyecto pero a cierre de esta edición no había sido posible que dieran entrevistas. Tampoco fue posible acceder al inventario forestal del proyecto.

Laura Isabel Mesa Castellanos, bióloga de la Universidad Nacional y docente de la Universidad de los Llanos, comentó a Periódico del Meta que, será importante que Cormacarena evalúe correctamente la solicitud de la alcaldía, realizando la visita técnica que podrá generar más herramientas para decidir si es posible o no ese plan de aprovechamiento.

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“Siempre, cualquier intervención va a tener algún efecto, pero para eso también existen las normas; sin embargo, es muy difícil que un árbol que lleva muchos años en crecimiento acumulando carbono y cumpliendo con una función ecológica, sean remplazados por otros árboles que apenas están en crecimiento; ese reemplazo no es tan sencillo, eliminar un árbol que tiene más de 20 años de edad realmente tiene consecuencias a nivel ecológico”, mencionó la bióloga.

Así mismo, añade que “la norma puede ser muy permisiva a la hora de plantear estos planes de compensación, pero lo que tengo entendido es que uno de los factores de compensación más altos los tiene el departamento del Meta. La idea es que esa afectación que se cause con la tala sea bien compensada y que lo que de verdad no se debería talar, no se tale, que se sugieran otros métodos o que incorporen los elementos arbóreos al paisaje, a las propuestas paisajísticas que se tienen o se hagan planes de compensación mucho más exigentes y robustos”.

Por su parte, el concejal David Barbosa dijo que, si bien es cierto que toda intervención genera impacto, se habla en el contexto de la crisis climática, además de la importancia de que se alcance un desarrollo en la ciudad que vaya de la mano con el medio ambiente.

“Ya estamos viviendo hoy las consecuencias del cambio climático, deforestación, inundaciones, incendios forestales y demás; si no detenemos esto, vamos a seguir viviendo y padeciendo más secuelas de este impacto ambiental que hoy ya es urgente atacar. El desarrollo de la ciudad tiene que ser en el marco del respeto de los recursos naturales y respetando el curso normal de ellos”, sostuvo.

Frente a las posibles alternativas que se podrían plantear para no recurrir a la tala de esta cantidad de especies arbóreas, la concejal de Bogotá, Susana Muhamed, quien habló del proyecto de Emergencia Climática en Villavicencio, también se pronunció frente al tema.

“Sugiero que se conformen veedurías ciudadanas. Que se pidan los conceptos técnicos y se examine la viabilidad de cada árbol. Aunque sí existe la posibilidad de que tengan problemas fitosanitarios o que puedan generar volcamiento lo cual puede ser un riesgo si hay una tormenta muy fuerte, deberán talarse, pero los que estén sanos se dejen allí y se incorporen en el proyecto o se trasladen con mucha responsabilidad a una zona donde pueda seguir viviendo”.

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Andrés Felipe García, director de la corporación ambiental Cormacarena, manifestó que la solicitud está siendo evaluada y que, desde la entidad, se permitirá que la comunidad participe en este proceso de verificación y generar el menor impacto ambiental.

“Esa solicitud se encuentra en estudio y valoración por parte de los profesionales de la corporación, quienes van a hacer un análisis detallado de toda la documentación y por supuesto la visita a campo. A la comunidad que ha estado inquieta con esta solicitud, le informamos que se abrirán todos los canales posibles de comunicación para recibir las inquietudes y poder mantenerlos informados de este trámite. Vamos a garantizar que se genere el menos impacto ambiental para este proyecto tan importante para el municipio de Villavicencio”, enfatizó el director.

Otro debate por árboles

 En abril del 2019 se levantó una fuerte oleada de críticas en contra de la Alcaldía de Villavicencio, Cormacarena y el consorcio Intersecciones Viales, encargado del proyecto de rehabilitación de la glorieta de Villacentro y sectores aledaños, por cuenta de una serie de vídeos publicados en las redes sociales por ambientalistas, donde se muestra la tala de árboles que se realiza en la alameda de la avenida 40.

La construcción de la intersección de Villacentro también significó talar árboles.

En aquella ocasión fueron cortados cerca de 130 ejemplares, aunque el alcalde de la época, Wilmar Barbosa, dijo que el aprovechamiento forestal se había concedido por 260 árboles.

Cormacerena exigió que por cada árbol talado se deberían reforestar cinco, lo que significaba que de los 230 que se tenían permiso para talar, se tendrían que reforestar más de 1.400 de especies nativas y no introducidas.

Pero como suele pasar con estas compensaciones, no se supo en dónde, ni cuántos árboles se sembraron para recuperar los que fueron talados.

“Es el mismo tenor que tenemos los ambientalistas, que siempre se habla de que los árboles son recuperados, pero no se sabe si los cuidan o sencillamente los dejan sembrados sin hacerle un seguimiento”, dijo Lucas Ruiz, ingeniero forestal.

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