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domingo, 2 de agosto de 2026
Pico y placa : No aplica

Es la agenda, estúpido | Opinión

Es la agenda, estúpido | Opinión 1
Nelson Augusto López

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El título es una adaptación irónica de la célebre frase de la campaña de Bill Clinton («It’s the economy, stupid»), no busca ser ofensivo sino llamar la atención y ser autocríticos, me incluyo. 

Cada cuatro años llega un nuevo Gobierno Nacional y en la Orinoquia ocurre un fenómeno casi ritual. Se desempolva el viejo listado de necesidades de la región para entregárselo al presidente de turno. Como si durante el resto del cuatrienio esas prioridades hubieran permanecido congeladas.

El inventario es conocido de memoria. La vía Bogotá-Villavicencio segura y definitiva. Un aeropuerto internacional y el acueducto para Villavicencio. La navegabilidad del río Meta. Carreteras que conecten al Meta, Casanare, Arauca y Vichada, también a la Altillanura. Y otros.

La lista cambia muy poco. Lo que nunca cambia es la ausencia de una agenda regional.

Cada departamento gestiona lo suyo. Cada gobernador defiende su presupuesto. Cada bancada parlamentaria busca recursos para su territorio. Eso es legítimo. Lo preocupante es que casi nadie trabaja por aquellos proyectos que la geografía, la economía y la naturaleza exigen desarrollar en conjunto.

Compartimos ecosistemas. la cuenca del río Meta, la ruta hacia el Orinoco y el Atlántico, enormes reservas de agua y biodiversidad. Pero seguimos actuando como si fuéramos islas administrativas separadas por fronteras invisibles.

La única imagen verdaderamente regional suele aparecer cada cuatro años: la fotografía de los congresistas de la Orinoquia reunidos para anunciar que trabajarán unidos por el desarrollo. Después, cada uno vuelve a su parcela política.

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Mientras tanto, las universidades observan en silencio. Los gremios señalan las carencias y las gestionan. La RAP Llanos estudia y propone. Pero no existe una verdadera y efectiva construcción de propuestas compartidas. No hacemos equipo. Los centros de pensamiento no existen. La planeación regional termina finalmente reemplazada por el inventario de necesidades.

Y donde no existe una agenda colectiva, prosperan los intereses particulares y el clientelismo; y en una región de ciegos, el tuerto es rey.

La Orinoquia no necesita otro listado de peticiones. Ya lo conocemos de memoria. Lo que necesita es pactar una visión compartida para los próximos 25 años, una agenda regional respaldada por la academia, los gremios, los gobiernos territoriales y la sociedad civil. Una agenda con gestión y seguimiento permanente y que sobreviva a los períodos de alcaldes, gobernadores y presidentes.

Pero no perdamos otra década. Los gobiernos pasan. Las necesidades permanecen. Y mientras sigamos cambiando de interlocutor sin cambiar de estrategia, dentro de cuatro años volveremos a sacar el mismo documento, actualizaremos algunas cifras, nos tomaremos otra foto y repetiremos el mismo discurso.

La agenda implica prioridades, responsables, cronograma, financiación y continuidad. Una agenda así sobrevive a los gobiernos; una lista de peticiones cambia de destinatario cada cuatro años.

No es teoría. Mientras otras regiones llegan a Bogotá con una agenda con respaldo político, parlamentario y gremial, los departamentos de la Orinoquia suelen llegar con una carpeta de solicitudes. Una agenda construye futuro; una carpeta de peticiones administra el presente.

Hay que pasar de la cultura de la queja a la cultura de la propuesta; de la dependencia del gobierno de turno a una visión regional de largo plazo. No es falta de potencial. No es falta de recursos. No es falta de diagnósticos. Es la agenda, hombre.


Nelson Augusto López

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