Esperamos el otro bus

En Villavicencio hay cerca de 1.000 busetas de servicio público.

No podemos continuar con un servicio público colectivo tan deficiente como el que tenemos en Villavicencio. El paro que realizó este gremio de transportadores de busetas y colectivos, el lunes de esta semana, lejos de generar solidaridad entre la ciudadanía, despertó fue rechazo pues se demostró que si hay actores viales que generan trancones y contaminación en la ciudad, son ellos precisamente.

La salida de las calles de más de 1.000 buses durante la jornada de protesta, reveló una ciudad que se puede mover en otros medios alternativos, sin embargo, evidentemente, estos no son suficientes y por eso los llamados ‘buseteros’, como ellos mismos se denominan, deben saber que Villavicencio los necesita para cubrir esa periferia que no tiene vehículo, no puede pagar un taxi o tiene transportarse para moverse de otra manera.

Las críticas contra los conductores de colectivos no se hicieron esperar en las redes sociales y mientras unos decían irónicamente que deberían hacer paro una vez por semana, otros sarcásticamente solicitaban revisiones tecnomecánicas en los paraderos, aprovechando que estaban reunidos en varios sitios.

Todo esto demostró que los usuarios exigen un cambio de actitud de quienes tienen la misión de transportar a más del 50 por ciento de las personas que se moviliza todos los días de un lugar a otro.

Las protestas se originaron por el inconformismo que hay en el proceso que se realiza con el gremio y que tiene como fin agrupar en una sola empresa, llamada Unirrutas, las rutas y la caja recaudadora, con el fin de modernizar el sistema de transporte y acabar con fenómenos como la ‘guerra del centavo’, que ya hace parte de la historia en otras ciudades pero que en la capital del Meta se mantiene vigente.

Quienes lideran el gremio de los buses colectivos, que como ya dijimos son necesarios en una ciudad que crece hacia sus periferias y sus habitantes necesitan moverse desde esas zonas, también debe ser consciente de que este modelo de transporte público fue planificado (si puede llamarse así) hace más de 50 años y ya no es suficiente para las exigencias de una Villavicencio cuyos fenómenos de migración también hacen que crezca el número de usuarios requieren un mejor servicio o por lo menos más óptimo.

La administración municipal también debe acelerar la aplicación del Decreto  158 de 2018, que cumplirá este mes de mayo un año de haberse expedido y en el cual se estableció la modernización  del sistema de transporte público colectivo. En cabeza de la alcaldía, del operador y de la sensatez de los dueños de buses, podremos cambiar este modelo anacrónico.

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