Francisco Daza: ejemplo de servicio y vocación

Francisco Daza lleva 17 años en la Defensa Civil y la Alcaldía de Puerto Gaitán reconocerá el aporte que ha hecho en favor de las comunidades más alejadas.

A sus 58 años de edad y después de ser testigo de toda clase de dramas, emergencias y sufrimientos como miembro de la Defensa Civil, tal vez los golpes más duros los ha experimentado con sus propios hijos.

Francisco Daza es de esos llaneros ejemplares que nacieron para servir y cuya vocación es tal, que su existencia no la conciben sino es ayudando a otras personas. Aunque a veces la vida ha sido difícil, confiesa ser feliz entregando su tiempo a la comunidad.

“La primera en vincularse fue mi esposa y luego yo la seguí. Ambos tenemos la voluntad de servir y me acompaña en la misión institucional, por eso digo que aquí (en la Defensa Civil) no hay nada difícil, porque cuando usted trabaja con pasión, todo se hace de corazón”, asegura.

Sin embargo, admite que las situaciones que más le han marcado la vida en los 17 años al servicio del organismo de socorro es cuando hay familias o niños comprometidos en las emergencias. Ser testigos de que una familia queda incompleta por un accidente o una inundación es duro y por eso trata de hacer lo mejor posible para que eso no suceda.

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Tal vez por eso recuerda claramente cuando asesinaron, en medio de las sabanas del Vichada, a un grupo de indígenas ecuatorianos. En la búsqueda hallaron el cuerpo de una niña de 6 años “enterrada” dentro del tronco de un árbol.

La imagen que vio le removió el corazón, tal como cuando le dijeron que su hijo mayor, de 15 años, había sido asesinado en Villavicencio; se le apachurró el corazón también como aquel día cuando su hija adolescente cayó de un árbol, se fracturó la columna y quedó paralizada en una silla de ruedas.

“Esos golpes fueron muy duros, pero me enseñaron a valorar a mi familia y valorarme como persona. Dios me dio la fuerza y a través de esas situaciones que me enseñó muchas cosas en medio del dolor”, dice Daza.

Ese factor de resiliencia de él y su familia, le han valido, además de no rendirse, que ahora su hija, María Mónica, sea una de las deportistas paralímpicas de Tiro con Arco en silla de ruedas y una de las deportistas más importantes que tiene el Meta y Colombia en su modalidad.

“Muchas personas en la institución y Puerto Gaitán sirven solo por amor a la causa. Yo creo que debemos llenarnos de amor si queremos salvar al mundo. Ojalá que muchos jóvenes aprendieran de esas personas que colaboran y son ejemplo de entrega voluntaria. No hay nada más satisfactorio que cuando uno va por la calle y escucha decir: miré, ahí va la persona que le salvó la vida a mi ser querido”, asegura.

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Daza está convencido de que fue en el Ejército donde aprendió esa voluntad de servir porque “en la institución hay cosas muy buenas que le forman a uno el carácter como la disciplina, la doctrina y el corazón grande”.

Por el lugar donde tiene su sede, los desplazamientos se hacen por lo general a sitios muy lejanos de la geografía llanera: “recuerdo una vez que fuimos a rescatar a unos soldados en Guaviare y que la selva era demasiado lejos incluso en helicóptero”.

Con tantos años en la institución, tantas aventuras vividas y experiencias indelebles en el corazón, cuando va en una camioneta en medio de la sabana, caminando las trochas, sobrevolando la selva o raudo por cualquier río del Llano, muy dentro de él sabe que a lo mejor no regrese a casa.

“Existe esa posibilidad latente, pero lo que lo hace a uno vivir tranquilo es tener la satisfacción de que siempre hice hecho lo mejor que pude, que no me guardé nada para ayudar a la gente”, dice Francisco Daza.

Ese mismo pensamiento es la terapia que utiliza para descargarse de tantas angustias de las cuales es testigo casi todos los días y, al tiempo, tranquilizar el espíritu para descansar y al siguiente día comenzar de nuevo.

El día en que lo condecore la Alcaldía de Puerto Gaitán, en el marco del Festival de la Cachama, seguramente no tendrá tiempo de celebrar porque sabe que con la llegada de cada festival en su municipio, Daza es uno de los componentes de prevención.

Las autoridades cuentan con él 24/7, siempre listo en paz o emergencia para servir a la gente.

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