La alegría de gobernar

Nelson Augusto López

Por Nelson López

Consultor

Gobernar el Meta, su capital Villavicencio y los otros municipios de uno de los departamentos con mayor potencial productivo de Colombia, debe producir alegría.

Quienes se prepararon solo para ganar las elecciones y no para gobernar tendrán más dificultades; llegarán como futbolistas que entran a la cancha sin calentar, pasarán más tiempo dando tumbos y no les alcanzará el período de gobierno de cuatro años, que en la práctica son dos.

El ‘adanismo’, es decir, creer que sus antecesores nada hicieron y que se parte de cero, es un error. Los gobiernos salen con aciertos y fallas, un balance objetivo de estos es la base para continuar lo positivo, corregir el rumbo y avanzar con las nuevas propuestas.

Poner el retrovisor día y noche es síntoma de que no se prepararon ni cumplieron la tarea de elaborar programas de gobierno apropiados. El compromiso de gobernar incluye el conocimiento pleno sobre la situación actual. Gobernar bien genera felicidad propia y colectiva.

Pero gobernar no son anuncios ni activismo, ni miles de metas. Hoy, la proporción entre eventos y hechos concretos arroja un déficit monumental de resultados.

Hay que derribar el muro de gobiernos intendenciales de solo administrar, para erigir gobiernos innovadores de transformación, que proyecten también a sus gobernantes.

Para ‘despetrolizar’ la economía hay que diversificarla a partir del agro, la agroindustria y el turismo, que son el soporte transformador del Meta por su aporte al empleo y al PIB.

Eso incluye a Villavicencio, ciudad a ‘desparroquializar’ para convertirla en ‘Villalópolis’, eje articulador del desarrollo regional, proveedora de servicios, punto de localización de la industria e integrada a Bogotá.

La alegría de gobernar también nace de servir con humildad y sin egos. No olvidar, como dijo el profe Wasserman, que el “poder es como un sarampión: a unos no les da, a otros levemente y en algunos casos es tan agresivo que los deforma”.