La herencia de Santiago García, dramaturgo Colombiano

Santiago García incluyó al Llano en la dramaturgia nacional con una de sus obras más importantes: Guadalupe Años Sin cuenta.

Con la muerte del fundador del Teatro La Candelaria el país perdió uno de los más importantes dramaturgos, con obras que le hablan a la sociedad.   

El dramaturgo colombiano le dejó a Latinoamérica la obra ‘Guadalupe años sin cuenta’, una magistral pieza de teatro que se concibió con testimonios de llaneros.

Por Jhon Moreno|

Por casi 70 años, Santiago García construyó lo que sería una de las herencias más importantes del teatro y la dramaturgia colombiana y latinoamericana. Con su muerte, el pasado 23 de marzo en Bogotá a los 91 años, terminó su labor como Embajador Mundial del Teatro, que le había otorgado la Unesco.

En su legado, los llaneros le agradecen ‘Guadalupe años sin cuenta’ que se convirtió en una obra que aunque pensada como una historia de los Llanos Orientales, poco a poco se volvió universal, con adaptaciones en México, Nicaragua y Europa; aunque fue una pieza de creación colectiva, su montaje es uno de los grandes legados del dramaturgo bogotano.

La obra, estrenada en 1975, narra de una forma particular, incluso con escenas de comedia y sátira, el asesinato del líder guerrillero de los años cincuenta, Guadalupe Salcedo, para lo cual durante dos años el Teatro La Candelaria, con García a la cabeza, estuvo investigando y recogiendo testimonios en Villavicencio, municipios del Meta y Casanare, con el ánimo de construir la trama.

La música, que juega un papel fundamental en la narrativa de la pieza teatral, estuvo a cargo de Luis Hernando Forero, que acompañó a Santiago García y a Fernando Peñuela en las correrías por los pueblos del Llano y quien desde hace 55 años hace parte del teatro La Candelaria.

“Respetamos la estructura musical folclórica ancestral de los Llanos. Ese era el reto. Guadalupe años sin cuenta empezó a construirse a partir de unas narraciones del Llano que tenía el escritor y periodista Arturo Alape (Carlos Arturo Ruiz), quien escribió sobre testimonios de compañeros de Guadalupe Salcedo y describió cómo era la cotidianidad de los guerrilleros en ese entonces”, explicó a Periódico del Meta Luis Hernando Forero.

El compositor recuerda su contacto con ‘Cuchuco’, un anciano al que buscaron por diferentes partes del departamento del Meta y al que hallaron finalmente en Villavicencio. Para que ‘Cuchuco’ contara sus anécdotas sobre Guadalupe tuvo que armarse de una botella de aguardiente, tiple y cantarlas en forma de corridos, pues no de otra manera podía recordarlas.

“Lo buscamos por Puerto López, Puerto Gaitán e incluso en la correría nos encontramos con Arnulfo Briceño. Luego, cuando ya empezó a cantar, interpretó el Corrido de la vaca, que narra el bombardeo del Ejército a un campamento de Guadalupe y el cual quedó completo en el montaje final”, recuerda ‘Poli’, como le dicen a Forero sus amigos.

La pieza teatral tiene kirpas, gavanes, zumba que zumba, numeraos y corridos, entre otros, y a través de ellos se construyen interludios entre escenas. ‘Poli’ confiesa que era su primer acercamiento con la música llanera y en la labor de investigación aprendió a interpretar el cuatro y el arpa.

Estreno en Villavicencio

La obra empieza con la reconstrucción del crimen de Guadalupe Salcedo, para luego dar entrada a cinco copleros que cuentan cómo transitará el resto de la obra.

A Villavicencio llegó para el año 1977 y se presentó en el Teatro Cóndor, de Villavicencio. Por la época, grupos guerrilleros como el M-19 desarrollaban operaciones famosas como el robo de la espada de Bolívar, y cada vez tenían más influencia en círculos populares.

Por eso, cuenta el escritor llanero Jaime Fernández, el estreno de ‘Guadalupe años sin cuenta’ se convirtió en todo un suceso en la Villavicencio de esos tiempos: “era tanto el temor de que la obra despertara los ánimos entre los espectadores que incluso el Ejército llegó al Teatro Cóndor y aún más tuvo que realizarse con soldados adentro del teatro”, cuenta Fernández.

Forero también recuerda cómo a medida que avanzaba la obra y los actores desarrollaban sus personajes, los soldados apostados entre los asistentes también empezaron a reírse con las ocurrencias de la pieza teatral. “Muy pronto los comandantes de los militares les ordenaron salirse del teatro”, aseguró el compositor.

Añade que el gran aporte de esta pieza es que siendo la narración de un hecho muy del Llano, termina siendo muy colombiana y muy latinoamericana, justamente gracias al lenguaje y a los recursos que utiliza.

“Es una lástima que por las circunstancias de la pandemia del coronavirus y estos tiempos de confinamiento no hayamos podido acompañar a Santiago García como se debía. Pero su genialidad siempre estará presente en el teatro colombiano”, puntualizó Forero.