La historia de los llaneros que viajan por ‘el hueco’ (II):

Las duras condiciones de la travesía o el abusos de los coyotes hacen más complejo el viaje por 'el hueco'.

‘El destino: un juego de azar’

Por Sebastián Mojica / Especial para Periódico del Meta 

La frontera mexicoestadounidense es un campo que por años ha sido dominado por el narcotráfico, las mafias y los coyotes quienes controlan a cada persona que quiere cruzar.

Aunque con ellos todo parece resolverse con dinero, hay quienes toman provecho de las necesidades de las personas.

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Así lo cuenta Paolo Dorantes a Periódico del Meta, un mexicano que desde hace dos años ayuda a inmigrantes con hospedaje y servicio, relacionándose con colombianos, conociendo el abuso que se presenta por parte de los mafiosos.

“Yo crucé la frontera y duré un tiempo lejos de casa, aun siendo mexicano sé la tensión que se vive para salir de allí. No todos cruzan, en ocasiones se dificulta el paso, sobre todo para las mujeres que son engañadas y luego secuestradas por narcos, la trata de blancas en esta tierra es constante, las niñas y señoras de otros países son presa fácil para los mafiosos de acá”, afirmó Dorantes.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, alrededor de un 80% de mujeres migrantes se convierte en víctimas de trata de personas, mientras que el 71% terminan ejerciendo la llamada “esclavitud moderna”.

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 “Los riesgos siempre estarán latentes: te sometes a que te rapten o desaparezcan. Quizás mucho no saben, pero hasta los mismos colombianos pertenecen a ese círculo criminal, sus mismos paisanos son quienes hacen parte del control fronterizo, toman a las personas que vienen a cruzar y les ofrecen empleos de sicarios”, sostuvo el mexicano.

El hecho de llegar a la frontera no garantiza nada, así lo manifestó otra llanera que decidió ocultar su identidad por privacidad: “a las mujeres nos separan de los hombres en diferentes patrullas fronterizas, yo venía con mi esposo y él tuvo que irse en otro vehículo. El trato es difícil, cuando nos ven llegar solas piensan que vamos a prostituirnos, claramente se puede notar el morbo de algunas autoridades que nos acompañan, se siente la inseguridad”, narró la joven a Periódico del Meta.

Según su relato, de un grupo de 50 mujeres, pasaron a dividirse en 25 y luego terminaron solo 15 de ellas. En un momento de total incertidumbre, cada una seguía las indicaciones que, por el bien de todas, tenían que cumplir sin ningún reproche, aun sabiendo que su integridad podría correr riesgo.

“Llegamos a una habitación con otro grupo de 30 o 40 personas donde nos procesaron de diferentes maneras; en esos refugios no ves la luz del sol, no nos podíamos bañar y teníamos que dormir en el suelo, además solo hay un baño para todos, donde está expuesto para que los demás te vean hacer tus necesidades, en el encierro pierdes la noción del tiempo, son situaciones que como mujer tienen mayor impacto sobre tu integridad”, dijo.

Mientras su esposo cruzaba, ella contaba los días para quedar en libertad, sin embargo, 15 días después, las autoridades la deportaron a Colombia. Debió empezar una vida de cero, luego de venderlo todo. Perdió casi 14 millones de pesos en el intento.

(Continúa)

La historia de los llaneros que viajan por ‘el hueco’ (III)