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Las historias de los llaneros que viajan por ‘el hueco’ (I)


Las historias de los llaneros que viajan por 'el hueco' (I) 1
RP
Redacción PDM
  • Publicado en May 22, 2022
  • Sección Región

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El pasado 20 de abril se conoció la muerte del villavicense Jonathan Betancourt cuando intentaba cruzar la frontera entre México y Estados Unidos por el Río Bravo, buscando, con su familia, el ‘sueño americano’.

Por Sebastián Mojica /Especial para Periódico del Meta

Lamentablemente, el drama de Jonathan reveló todo un mercado ilegal de rutas de metenses y llaneros que a falta de poder conseguir una visa de turismo o de trabajo, deciden irse por ‘el hueco’, la más peligrosa de las opciones para llegar a suelo norteamericano.

Lea este contexto: ‘San José de Villavicencio’, la ciudad del rebusque llanero en Estados Unidos

Según reportó la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos, en lo corrido de 2021 se registraron 557 muertes de personas que buscaban cruzar de manera ilegal al territorio estadounidense.

“Jonathan vivía en el barrio San Antonio, era un chico muy trabajador, sobre todo muy carismático y noble. Fue muy sorprendente cuando nos enteramos de su muerte, más aún para la familia que quedó muy afectada. Él amaba y cuidaba bastante a su esposa e hija de siete años, no esperábamos que el desenlace de todo fuera así”, explicó Deisy Briceño, vecina de la víctima.

Por su parte Lorna, una metense que desde hace 4 meses está en San José (California) trabajando de mensajera, dio que “es claro que los que no tienen la fortuna de llegar a Estados Unidos con una visa de turismo para trabajar unos meses, ante el desespero, se vienen por el hueco”.  

Periódico del Meta contactó a algunos villavicenses radicados en Estados Unidos, quienes cruzaron ilícitamente por la frontera conocida como ‘el hueco’, y confesaron los peligros que reviste esta travesía, calificándola como la peor experiencia de su vida.

Por ejemplo Julián, un vecino del barrio El Recreo, en la capital del Meta, aseguró que en ese calvario, al llegar a Ciudad de México, tuvo que tomar trasporte vía terrestre para Mexicali, un viaje de más de 40 horas que lo condenó, según él, a vivir un verdadero infierno.

“La extorsión en México es muy brava, en lo corrido del viaje conté al menos doce retenes y en todos tocaba dejar dinero, casi 100 dólares le entregábamos a la policía. Cuando llegamos a San Luis un grupo de traficantes nos ayudó a pasar; en esos momentos se ve mucho suplicio, madres con niños alzados, personas de avanzada edad corriendo, es trágico ese instante”, aseguró Julián.

Agrega que “la ansiedad perturba y el miedo consume” cuando se pasa por la zona fronteriza: “llegué a un primer albergue en Yuma, un centro de detención, allí me entregué a la patrulla de la frontera de Estados Unidos, desde ese momento, ya era un prófugo más. Tuve que botar todas mis pertenecías, teníamos que dormir en la calle y comer una sola vez al día, adicional te visten de preso. Estuve en casi seis albergues, algo similar a una cárcel, fue alrededor de un mes que sufrimos de condiciones muy precarias, se conocen historias de vida bastantes fuertes, personas que llevan siete u ocho meses encerrados, es duro ver como sus ilusiones se desvanecen tras las rejas”, dijo.

Las rutas del desierto

Con 4.000 dólares, unos 15 millones de pesos, Julián tuvo la oportunidad de llegar a San José (California): “a pesar de que la frontera te permite estar a un paso del sueño americano, la vida de uno corre peligro, esto no es para cualquiera, hay mucha afectación psicológica, la gente se desespera, hay quienes no aguantan y luego los desaparecen”.

Tijuana, Mexicali, Cancún, Altar Sonora y Nogales, son algunas de las rutas de quienes ven posible cruzar el límite que divide estos dos países; y aunque esta misión abarque ciertas complejidades, hay quienes corren con un poco más de suerte.

Este es el caso de Carlos, otro villavicense que partió en busca de una mejor situación económica; a sus 60 años no vio imposible su trayectoria por Cancún para conseguir el objetivo junto a su hermana y sobrino de 8 años, quienes solo pensaban en “no morir en el intento”.

“Lo dejé todo en Villavicencio, vendí mis pertenecías, el automóvil y una camioneta que por tantos años sirvió como un sustento diario, partí con 20 millones de pesos, unos 5.000 dólares. Mi familia se quedó en Villavo, mi esposa y mis hijos; tengo un niño con discapacidad, me partió el corazón cuando me fui, el creía que de pronto yo volvería a casa y no fue así. De todas formas, sé que este sacrifico valdrá la pena”, recordó Carlos, quien partió a suelo americano hace un mes.

Con nervios, sudor en su rostro y temblor en sus manos, narra que “teníamos que hacer transbordo apenas llegáramos a Ciudad de México; debimos tomar un vuelo a Tijuana; después de unas horas ya nos dirigíamos a Cancún. Migración de México es terrible, las autoridades discriminan e intimidan a los colombianos, nos consideran unos delincuentes”, sostiene.

Con los días contados y a la espera de saber su destino, Carlos, su hermana y su sobrino, se preparaban para el momento definitivo. Caía la noche y en las afueras del hotel había llegado un vehículo por ellos, de allí serían transportados al ‘hueco’.

(Continúa)

La historia de los llaneros que viajan por ‘el hueco’ (II)


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