Skip to content
ads
domingo, 25 de octubre de 2026
Pico y placa : No aplica

La lección que no queremos aprender-Editorial

La lección que no queremos aprender-Editorial 1
Redacción PDM

COMPARTE

Menos de tres meses después del peor terremoto de este siglo en Colombia, que dejó un doloroso saldo de más de 330 muertos y heridas que tardarán años en sanar, cualquiera pensaría que la ciudadanía acudiría en masa al simulacro de emergencia programado para el pasado miércoles 21 de octubre. 

Se asumía que la memoria reciente del desastre funcionaría como un catalizador de la prudencia. Sin embargo, en Villavicencio, la ciudad llamada a dar ejemplo y ejercer liderazgo institucional por ser la más grande de la Orinoquia, la jornada registró una participación desfavorable e incluso menor a la de años anteriores.

Si el pasado miércoles se hubiera presentado una tragedia real, el aguacero que cayó sobre la capital del Meta habría cobrado más víctimas que el mismo fenómeno natural. Las lluvias sirvieron de excusa para cancelar la evacuación en varias entidades, mientras que la ciudadanía y numerosos empleados estatales prefirieron guarecerse antes que ejercitar las rutas de escape. 

Paradójicamente, ante la amenaza del aguacero, decenas de personas optaron por buscar refugio en los bajos del edificio de la Gobernación del Meta o la Alcaldía, irónicamente estructuras de riesgo en caso de un sismo de gran magnitud.

Esta conducta parece develar que la gente asume que las emergencias eligen días soleados o momentos convenientes para presentarse. Villavicencio es un territorio sumamente vulnerable, expuesto de forma constante a terremotos debido a su cercanía a fallas geológicas activas, así como a inundaciones, deslizamientos de tierra e incendios forestales derivados de su topografía entre la cordillera y el piedemonte. 

A los riesgos propios de la naturaleza y a las profundas dudas sobre la resistencia sísmica de las edificaciones más antiguas de la ciudad, se suma ahora un peligro aún mayor: la apatía y la falta de seriedad con que autoridades y ciudadanos asumen los ejercicios de prevención.

La gestión del riesgo no es un simulacro escolar ni un trámite burocrático para cumplir calendarios; es la diferencia entre la vida y la muerte. No podemos evitar la furia de la naturaleza ni predecir la hora exacta en que la tierra temblará o el río se desbordará, pero sí tenemos el deber ético de preparar nuestras respuestas para reducir el impacto de la catástrofe. 

La apatía observada el miércoles refleja una desconexión crítica entre la percepción del peligro y la preparación real. Ojalá las autoridades refuercen la pedagogía de riesgo y como ciudadanos entendamos, antes de que sea demasiado tarde, que nunca deberíamos lamentar no haber participado activamente en un ensayo para salvar nuestras vidas.

 


Redacción PDM

En PERIÓDICO DEL META estamos comprometidos en generar un periodismo de calidad, ajustado a principios de honestidad, transparencia e independencia editorial, los cuales son acogidos por los periodistas y colaboradores de este medio y buscan garantizar la credibilidad de los contenidos ante los distintos públicos. Así mismo, hemos establecido unos parámetros sobre los estándares éticos que buscan prevenir potenciales eventos de fraude, malas prácticas, manejos inadecuados de conflicto de interés y otras situaciones similares que comprometan la veracidad de la información.


Entérese de toda la información


Conéctese a nuestras redes sociales