La verdad de las víctimas | Editorial

Cada 9 de abril Colombia conmemora el ‘Día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas’, una fecha que tiene un significado especial porque recuerda a quienes han caído en medio del fuego del conflicto armado.

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Balas asesinas de la derecha y de la izquierda valga la pena decirlo, porque queda la sensación cada año, con estas actividades conmemorativas, que tienen más peso aquellos con alguna militancia política y se nos olvidan tantas personas que, incluso vistiendo un uniforme voluntaria u obligadamente, también fueron víctimas.

Hemos aprendido a olvidar a las víctimas que no salen a protestar, que no están en ONG o que no se registraron en ningún listado y que lo único que desean es la verdad, cualquiera que ella sea. Hemos también convertido la verdad de las víctimas en una bandera política muchas veces con sesgos que buscan es saciar la sed de venganza de uno u otro interés partidista.

La verdad que las víctimas reclaman debe ser imparcial, transparente sin alegorías de ninguna clase y sobretodo sin primar más a unas víctimas que a otras. Triste sería que al final de todo este doloroso proceso conozcamos solo una parte de esa verdad, obviando la responsabilidad histórica de los antihéroes de la guerra que son los que la dirigieron.

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Hay pruebas, testimonios y documentos que demuestran que el Estado en connivencia o sin ella con los grupos paramilitares, y los grupos de guerrilla, actuando con grupos de narcotráfico, cometieron masacres a lo largo y ancho de la Orinoquia. Preocupa que, por ejemplo, en el caso de la masacre de la comisión judicial de San Carlos de Guaroa, salgan a relucir las Farc como perpetradoras.

Querer desviar a estas alturas las investigaciones o hacer parecer culpables a quienes ya fallecieron y no pueden responder por sus crímenes, va en contra de esa verdad que desean tener las víctimas del conflicto.

No se trata de ser escépticos per sé a las labores que hacen la Comisión de la Verdad o los magistrados de la Justicia Especial para la Paz (que gran responsabilidad que tienen los integrantes de estos dos órganos), pero sí de exigir una verdad imparcial y transparente.

Es una burla, como ya sucedió recientemente, que la JEP use como estadísticas   ciertas las que han dado las ONG a lo largo de los años, en especial de algunas que ya han demostrado no tener credibilidad.

Este ‘Día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas’ debe ser, pues, un elemento para exigir a todas esas instancias creadas a la luz de los acuerdos, una tarea honesta con el país, con la historia y en especial con las personas que ofrendaron sin desearlo sus vidas por una guerra que no les correspondía.