Lo pasado, pisado

El paso de un cuadrillero hacia la reintegración

Esta es la historia de Jhon, un hombre que culminó su proceso de reintegración, es jinete cuadrillero de tradición, y de la mano de su familia le demuestra a la sociedad que es posible la reintegración.

Jhon es amante del campo, y también de las cuadrillas, una tradición ecuestre que simboliza las batallas entre españoles y árabes, y la conquista de negros e indígenas en América.

Cada 11 de noviembre Jhon y su familia se preparan para vivir la fiesta más importante de todas, las cuadrillas sanmartineras, un evento con casi tres siglos de tradición que a él lo llena de orgullo. Faltando pocos días para el evento, él ya tiene preparado el traje que utilizará ese día y cuenta con todos los atuendos que adornarán el caballo. Su presentación durará casi 4 horas y junto a sus demás compañeros harán una fila para representar una raza, una religión y una lucha diferente.

Pero la historia de Jhon no siempre ha sido así. Para empezar, él cuenta que su mayor deseo era ser profesor e insiste en que aprende fácil. Es risueño, humilde y sencillo, pero Jhon se unió a las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) a los 25 años y permaneció ahí siete años. Luego de esto, su desmovilización colectiva se dio en el 2006, e inmediatamente después inició el proceso de reintegración a la vida civil con la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN). Su vida dio giros inesperados, hoy es un hombre que vive del turismo, de las cabalgatas ecológicas y los almuerzos criollos que se preparan en el llano, acompañado siempre por su familia.

John cuenta que en San Martín todas las familias se conocen entre sí y aunque a veces le da pena y se siente mal por las decisiones que tomó en el pasado, cuenta su historia para demostrar que lucha cada día como cualquier colombiano para salir adelante.

Del campo a la guerra

Jhon vivió siempre en el campo y recuerda que sus padres tenían una finca en Mapiripán (Meta), pero por amenazas tuvieron que salir y dejar todo abandonado. Fue así como la situación económica se tornó muy difícil y en su afán de arreglar las cosas tomó decisiones equivocadas.

“Ingresé al grupo, fue muy difícil todo, desde el entrenamiento en adelante, pero conté con la suerte de saber leer, escribir, conducir, y eso me abrió otros campos. Me ocuparon más en la parte logística, llevar, traer, ese era mi oficio”.

Ya ha pasado mucho tiempo y Jhon dice que dejó atrás ese pasado, se graduó de bachiller, estudió en el Sena, tiene dos hijas y una esposa que ama.

Ahora con cabeza fría, y con una mirada más crítica frente al conflicto colombiano, dice que “no le aconseja a nadie involucrarse en esas cosas”. “Yo lo hice porque fueron locuras de joven, en San Martín se respiraba eso, o uno estaba en un bando, o era del otro. Hoy en día me da pena, arrepentimiento, me siento mal; la verdad no hay como salir tranquilo a la calle, hablar con la gente, estar con la familia y vivir tranquilo”, comenta.

Cuadrillero por herencia

Jhon es desde hace 15 años cuadrillero. Lo heredó de su abuelo, y dice que “ser cuadrillero es, sin lugar a dudas, el honor más grande que pueda tener un sanmartinero porque son solo 48 jinetes quienes cada año tienen la misión de ser herederos de una tradición con 280 años de historia” explica.

“Las cuadrillas representan la mezcla cultural, racial y religiosa. En el acto están representadas la raza española, negra, indígena y árabe, y lo que se hace son una serie de juegos que fueron traídos por los españoles, específicamente por un sacerdote que vio que podía evangelizar por medio del juego”, agrega.

Ahora Jhon tiene otro estilo de vida, se da el gusto de disfrutar de la tranquilidad del campo y busca la manera de sostener su hogar con trabajo, esfuerzo y amor. Su principal deseo es educar de la mejor manera a sus hijas y enseñarles a pensar siempre en el futuro, por eso, uno de los dichos que más aplica Jhon es: ‘Lo pasado, pisado’.