Los errores informativos detrás de la muerte de los tres periodistas

Las protestas en diferentes partes de Ecuador no se hicieron esperar, por la muerte de los periodistas.

Por Jhonatan Bock/Especial para El Espectador

La última esperanza que había de que Javier Ortega, Paul Rivas y Efraín Segarra estuvieran vivos se esfumó ayer viernes al mediodía. Lenín Moreno, presidente de Ecuador, confirmaba la noticia que nadie quería creer. Sus palabras terminaron con un mensaje para los periodistas: “No dejen de criticar, sabemos reconocer nuestros errores y todo esto nos permitirá reconocer si los ha habido. El pueblo ecuatoriano es generoso, perdona cuando uno comete errores, lo que no perdona es que se le mienta, y yo no voy a mentir”.

Durante 18 días, las estrategias militares y juegos de la política estuvieron por encima de la verdad. Fueron las mentiras oficiales las que manejaron los tiempos y los sentimientos de los colombianos y ecuatorianos.

La primera medida que buscaron fue controlar que los familiares de los trabajadores de El Comercio no revelaran sus nombres. Días después, cuando llegó la prueba de supervivencia, el Gobierno ecuatoriano irritado aseguró que su divulgación atentaba contra la dignidad de los periodistas, y advertían que sus expertos estaban negociando y que tenían todo bajo control. La verdad es que el video era una prueba sobre las condiciones reales del cautiverio y que sembraba varias dudas sobre la efectividad que estuviera teniendo el trabajo de inteligencia colombo ecuatoriano.

Con el paso de los días la incertidumbre crecía y la presión aumentaba. El discurso ya no era de serenidad, ahí empezaron a esquivar responsabilidades. “Están en territorio colombiano”, decían de un lado; del otro: “están en Ecuador”.

Durante 18 días, el periodismo fue la única herramienta de información y verdad que tuvimos los ciudadanos colombianos y ecuatorianos. Hubo errores, por supuesto. Primero, el periódico El Tiempo, publicó una noticia que resultó falsa sobre la liberación de los periodistas. Después, fue la emisora Blu Radio, que se apresuró a confirmar la muerte de los periodistas sin verificarlo de manera concluyente. De estos errores también trata el periodismo, porque, además, después también llegó la verdad y ejemplos de responsabilidad. Sin haber indagado y publicado, todavía estaríamos bajo el somnífero de la información oficial, cruzando los dedos para que Javier, Paul y Efraín regresaran de ese infame secuestro.

El equipo de El Comercio llegó a Matajé buscando la verdad sobre alias Guacho y el asesinato de tres militares ecuatorianos. No pudieron contar la historia. Ahora, los periodistas tienen otro reto, descubrir toda la verdad de lo que ocurrió en este asesinato que enluta el periodismo de los dos países. Este compromiso es innegociable.