Nos pintaron pajaritos

Nelson Augusto López

Por Nelson Augusto López

Paolo Lugari de Gaviotas me envió el capítulo ‘Espejismo del Llano’ del libro ‘Nos pintaron pajaritos en el aire’ de Juan Pablo Calvás, que describe las promesas incumplidas por los presidentes colombianos en las últimas cuatro décadas. No incluye el actual.

Él pregunta: “¿Cuántas veces nos han dicho que el futuro de Colombia está en los Llanos Orientales? ¿Cuántas veces hemos escuchado hablar de ambiciosos proyectos para convertir esa inmensa extensión de tierra en gran despensa del país y nuevo norte de Colombia?”

Respuesta: toda la vida, de distintas formas, pero siempre la misma vaina. Lo reciente: “La última frontera agrícola de Colombia”. ¿La última en atender?

Calvás destaca el proyecto Marandúa de Belisario Betancurt (BB). Con el antecedente del proyecto Tropicalia que intentó el Banco Mundial y el gobierno colombiano en los setenta, frustrado por lo de siempre: falta de presupuesto.

BB craneó Marandúa con decreto incluido: 1119 de 1984. Un polo de desarrollo agroindustrial de 1.5 millones de hectáreas en el Vichada. Marandúa sería la Brasilia colombiana. Y Belisario sería el Kubistchek (presidente que construyó Brasilia) colombiano.

La toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero sepultaron el sueño Marandúa, la primera ciudad sostenible del mundo. Quedó la base aérea que sería el aeropuerto de la nueva capital del país.

Juan Camilo Restrepo, Ministro de Agricultura, quien fue mi jefe, anunció en Villavicencio en 2012 la construcción de la carretera Puerto Gaitán-Puerto Carreño. Él lo dijo bien intencionado, pero otra esfera del gobierno sacó el pajarito para embarrarla.

El débil liderazgo de la región ayuda a que le pinten la cara y pajaritos en el aire. BB dijo que esta ‘es una región de mucha patria y pocos votos’. El liderazgo regional no es con el pajarito de Twitter.

Duque tiene la oportunidad de ser el presidente que le cumple a la Orinoquia con el pacto que busca conectarla y potenciarla.