Otra casa histórica de Villavicencio en peligro

Se está cayendo a pedazos. En una esquina de la famosa calle El Resbalón, dos cuadras arriba de la Cruz Roja, hay una casa que está considerada como uno de los inmuebles de interés cultural de Villavicencio, es decir, como parte del patrimonio de la ciudad. La vivienda está ubicada, específicamente, en la intersección de la calle 41 con carrera 30 y, en serio, se está cayendo a pedazos.

Aunque el inmueble está compuesto de dos predios, y cada uno tiene su propia escritura, la mayoría de habitantes del sector lo recuerda siempre como una misma casa dividida en dos partes. Según cuentan algunas personas que trabajan o han trabajado en el sector durante varios años, el predio de la esquina estuvo ligado a actividades comerciales durante muchos años, y fue allí donde estuvo ubicado un restaurante llamado Mango Biche, que es recordado por la mayoría de vecinos.

El otro predio está asociado a la vida privada de la familia Robin Medina, que fue la propietaria por muchos años y que es recordada por los vecinos como una familia hogareña, alejada de los eventos públicos y muy reservada. La madre se llamaba Julia. A doña Julia la recuerda todo el mundo. Y el contacto con el mundo exterior que más huella dejó fue una venta de postres: en la base de las escaleras exteriores de la casa, la hija de doña Julia acostumbró, durante algún tiempo, a vender merengones de varios sabores de frutas. Por eso, preguntar por la casa de doña Julia Medina de Robin es lo mismo que preguntar por la casa donde, en un pequeño puesto, solían venderse merengones.

De acuerdo con el historiador Jairo Ruíz Churión, esa vivienda es un ejemplo del tipo de casas que construyeron varias familias araucanas y casanareñas que se asentaron en Villavicencio durante el siglo XX, como los Piñeros, los Torres y los Robin, entre muchas otras. Eran viviendas amplias y elegantes, que reflejaban el alto estatus económico y social de sus residentes.

Asimismo, esas casas tienen —o tenían— un estilo arquitectónico distinto al de las viviendas del centro fundacional, según observa la antropóloga Nancy Espinel. Y eso se debe a que ese tipo de viviendas son consideradas “de catálogo”, es decir,  probablemente fueron construidas a partir de un estilo europeo que había sido preconfigurado en bocetos que eran ofrecidos por empresas de arquitectura y construcción en varias partes del país, según explica Ángel Núñez de Velasco, arquitecto experto en Patrimonio que ha trabajado con Corcumvi en este tema.

¿Quiénes son los propietarios?

 

La Corporación Universitaria Minuto de Dios compró los dos predios en el año 2010 y es, actualmente, la entidad propietaria del inmueble. Según Nestor Guerrero, director de la Oficina Jurídica de la Uniminuto Vicerrectoría Llanos, las escrituras públicas de los dos predios no especifican que la edificación es parte del patrimonio cultural de la ciudad y los antiguos propietarios tampoco lo mencionaron a la hora de hacer el negocio.

Así, Guerrero explica que el plan inicial de la universidad era construir allí una sede. Sin embargo, esa idea se desvaneció cuando les notificaron que la vivienda, por ser un bien de interés cultural, no podía ser demolida, sino restaurada. En medio de la incertidumbre, añade Guerrero, el inmueble fue saqueado por vándalos y, por lo tanto, asegura que  los daños causados no son responsabilidad de la Uniminuto.

Actualmente, según la versión oficial de la universidad,  la Uniminuto planea construir su nueva sede en un predio de más de dos hectáreas que posee en el sector en el que Amarilo está construyendo varias torres de apartamentos. En ese orden de ideas, Nestor Guerrero, de la Oficina Jurídica, afirma que los dos predios de la calle El Resbalón están en venta, y asegura que la universidad ha intentado proteger la vivienda a través del pago de seguridad privada en jornadas diurna y nocturna, pero dice que las finanzas de la entidad solo hacen posible que actualmente haya un vigilante nocturno.

Periódico del Meta pudo conocer que el valor de los predios supera los 1.200 millones de pesos, de acuerdo con un avalúo realizado por una lonja de la ciudad. También se conoció que la Uniminuto ha recibido algunas ofertas, pero la autorización de la venta la debe hacer una junta directiva en Bogotá.

 

¿Qué hacer?

La versión de la Uniminuto no convence ni a varios vecinos del sector ni al arquitecto experto en Patrimonio Ángel Núñez de Velasco. El experto afirma que la evidencia demuestra que la vivienda estaba en buen estado cuando fue adquirida por la universidad y que, en consecuencia, la misma Uniminuto debió hacerse cargo de su cuidado. Núñez dice que la universidad está “subvalorando el inmueble”.

“Es deplorable. No es permitido que el patrimonio se abandone de esta manera”, afirma el arquitecto Núñez, quien hace énfasis en el hecho de que la universidad, por ser un centro educativo de educación superior, debió haber tomado medidas de protección adecuadas. Aun así, Núñez dice que la antigua casa de la familia Robin Medina todavía se puede restaurar: “Se puede. Los muros no se van a caer solos. El techo y las vigas se pueden reparar. Las paredes se pueden pintar y el jardín se puede cuidar. Se puede devolver a un estado mínimo de conservación”.

Por último, tanto el arquitecto Núñez como la antropóloga Nancy Espinel resaltan que existe una normativa que respalda la obligación de cuidar el patrimonio de una ciudad. De ese modo, están vigentes la Ley 397 o Ley General de Cultura y la Ley 1185 de 2008, que modifica y adiciona la ley anterior. Incluso el Plan de Ordenamiento Territorial aprobado en el 2015, en el capítulo V, contempla el cuidado de las viviendas e inmuebles de interés cultural en Villavicencio.