Pacto por el medio ambiente

Ya lo han firmado varias entidades, entre ellas Asorinoquia, gremio que reúne a varias empresas de la agroindustria y este año la intención es convocar a entidades territoriales.

En marzo de 2017, Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt, escribió una columna que causó revuelo. La pieza, titulada ‘¿Desiertos de arroz?’, denunciaba que el paisaje de los municipios Paz de Ariporo, Maní, Pore y San Luis de Palenque (Casanare) se transformaba a pasos agigantados. Gracias al programa Colombia Siembra, del Ministerio de Agricultura, los humedales, bosques de galería y demás ecosistemas propios de la región estaban siendo reemplazados por enormes extensiones de arrozales.


Baptiste puso la lupa sobre un problema que ya es casi un lugar común: la completa desarticulación de los sectores productivos respecto a las preocupaciones ambientales del país. El caso de la Orinoquia es especialmente conflictivo: mientras el Gobierno la declara la última frontera agrícola del país, las organizaciones ambientales advierten que la cuenca del Orinoco alberga el 23,5 % del agua del país y que allí se conservan ecosistemas prácticamente vírgenes que soportan la vida de 2.576 especies animales y 17.642 de plantas.


Como era de esperarse, la tensión en la región es palpable. Por eso, la organización ambiental The Nature Conservancy decidió hacer algo. ¿Sería posible poner de acuerdo a ganaderos, ambientalistas, alcaldes, gobernadores y agricultores para que se trazaran metas que permitieran un desarrollo económico que no destruya los ecosistemas?


Para responder a esa pregunta, The Nature Conservancy (TNC), en alianza con otras 13 instituciones pertenecientes al sector público, privado y la sociedad civil, lanzó el Pacto por el Desarrollo Sostenible de la Orinoquia, un esfuerzo sin precedentes en Colombia.


De acuerdo con Andrés Felipe Zuluaga, director de la Estrategia de Tierras de TNC en Colombia, “queremos dejar de tener acciones individuales y desarticuladas, para planear acciones que tengan una escala regional y que sean complementarios de lo que ya se hace (…). El pacto es una alianza que pretende alcanzar acuerdos sobre lo fundamental en cuanto al desarrollo”.


Para definir qué es “fundamental”, TNC convocó a otras organizaciones que hacen presencia en el territorio, entre ellas el Banco Mundial, el Ministerio de Agricultura, el Ministerio de Ambiente y la Sociedad de Agricultores de Colombia. Con la experiencia que tenían en acuerdos muchísimo más pequeños en Meta y Caquetá, hicieron dos talleres en los que este grupo definió qué entendían por fundamental.


Los unió el hilo que conecta a toda la Orinoquia: el agua. Ciertamente, esta región, según el Ideam, representa el 11,99 % del consumo nacional de agua. El sector agropecuario (55 %), de energía (21,5 %) y doméstico (8,2 %) son los principales usuarios del agua de la cuenca del Orinoco.


La idea es generar metas concretas que deberán cumplirse de aquí a 2030. Si bien se integrarán temas como la reducción de la pobreza, la conservación de la biodiversidad, el crecimiento económico o el cambio climático, cada una estará atravesada por la pregunta sobre el uso sostenible del agua de la región. “Sin agua es imposible cumplir cualquier otra de las metas que nos propongamos”, explica Zuluaga.


Definir estas metas o indicadores será la tarea para el 2019. En el primer trimestre, los 14 miembros iniciales convocarán a otros actores interesados, como gobernaciones, alcaldías, organizaciones campesinas locales, gremios ganaderos o palmeros, a sentarse a la mesa.


Los riesgos
Si bien una alianza de esta magnitud no tiene antecedentes en el país, hace cinco años The Nature Conservancy ya había emprendido un proyecto similar a una escala mucho más pequeña: el Pacto Caquetá, Cero Deforestación y Reconciliación Ganadera.


En esa alianza, la asociación ganadera más importante del departamento, el Comité Departamental de Ganaderos del Caquetá, se comprometió, entre otras cosas, a que las fincas de sus asociados se convirtieran en reservas naturales de la sociedad civil, lo que implicaba que mínimo el 10 % de su área debía estar destinada a la protección y conservación del bosque.


Los ganaderos cumplieron y hoy, gracias a ese pacto, se produce el queso del Caquetá, una marca con denominación de origen y con una cadena de valor sostenible.

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