Plantean salario mínimo por regiones para reducir informalidad laboral

Las negociaciones para el incremento del salario mínimo comenzarán el próximo 5 de diciembre, ad portas del debate, surge un documento que plantea la posibilidad de implementar un salario básico diferencial en cada una de las regiones.

Por la desigualdad en materia de informalidad laboral y niveles de productividad de 23 ciudades del país, Luis Arango y Luz Flórez, dos investigadores de la Subgerencia de Estudios Económicos del Banco de la República, sustentan que hay una desconexión entre la productividad de la mano de obra menos calificada y el nivel del salario mínimo.

En la edición más reciente de ‘Borradores de Economía’ del Banco de la República, plantean una propuesta para reducir los índices de informalidad laboral y las brechas en materia de remuneración que inciden en el bolsillo de los colombianos a lo largo del territorio nacional. Proponen que en Colombia regrese el salario mínimo diferencial por regiones.

“Pese a que la regulación normativa es la misma en todo el país, las tasas de desempleo, ocupación, participación, los salarios, la duración del desempleo, etc., divergen de manera importante entre las ciudades que conforman el dominio urbano, más aún, dicha dispersión se exacerba en períodos de desaceleración o crisis; (…) para mitigar la desigualdad se debe tener un salario mínimo que tenga en cuenta los niveles de productividad y las características de cada región”, se lee en el documento.

En promedio, durante el año 2016, en las 23 ciudades estudiadas hubo 11,9 millones de personas ocupadas, 5,8 millones de las cuales (48,6%) eran informales.Al cierre de ese año, cerca de 44% de los ocupados no realizó contribuciones ni a salud ni a pensiones y, en tal sentido, son informales.

“Una informalidad laboral cercana al 50%, como la que se registra en Colombia actualmente, no permite pensar que el nivel del salario mínimo iguala la productividad laboral de una persona con bajos niveles de capacitación y experiencia, por lo menos en todas las ciudades del país. Más bien, que en Colombia el salario mínimo es altamente restrictivo”, señalan.

Además, explican que existen en el país 13 ciudades cuya informalidad se ha mantenido en más del 10%, por encima del promedio de 23 ciudades.

Son Villavicencio, Pasto, Ibagué, Armenia, Neiva, Cúcuta, Montería, Florencia, Valledupar, Quibdó, Riohacha, Santa Marta y Sincelejo. Igualmente, añaden que “esto es evidencia de que el mercado laboral en estos territorios no tiene un buen funcionamiento”, y “el PIB potencial por la vía del ahorro, la formación de capital humano y el progreso tecnológico, las finanzas públicas y el bienestar, son los que reciben el impacto de los efectos de la prevalencia de la informalidad”.

Por otro lado, Bogotá, Manizales y Medellín mantuvieron durante los últimos ocho años tasas de informalidad por debajo de la tasa promedio.

Esas tres ciudades, insisten los investigadores, tienen condiciones estructuralmente diferentes de otras como Cúcuta, donde la diferencia de su tasa informalidad laboral con respecto al promedio de las 23 ciudades es de 20 puntos porcenturales (pp), o Santa Marta (donde la diferencia es de 13,7 pp), Sincelejo (16,6 pp), Riohacha (13,6 pp), Florencia (13,1 pp), Valledupar (11,6 pp), Quibdó (11,2 pp) o Armenia (10 pp).

“Nosotros creemos que estas amplias brechas positivas se observan, porque la productividad de la mano de obra menos calificada en estas ciudades es muy baja comparada con el salario mínimo”, expresan Arango y Flórez en el documento en el que proponen dos alternativas para la implementación del salario mínimo diferencial.

La primera, un plan de ajuste salarial para los primeros cinco años de implementación en el que para las ciudades con informalidad baja -Bogotá, Manizales y Medellín- pertenecientes al Grupo 1, el salario mínimo nominal es igual a la meta de inglación de largo plazo y algún estimado de crecimiento en la productividad de la mano de obra (de 0,5% a 1% anual). Para las ciudades del Grupo 2 – Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Pereira, Cartagena, Tunja y Popayán-, es decir las de informalidad media, el ajuste salarial entre los años 2 y 5 sería del 75% del ajuste correspondiente a las del Grupo 1. Para las ciudades con informalidad alta -Pasto, Villavicencio, Ibagué, Neiva y Armenia -, las del Grupo 3, el ajuste durante este período sería del 50% del ajuste del Grupo 1 y, finalmente, para las ciudades con informalidad muy alta – Cúcuta, Montería, Florencia, Valledupar, Quibdó, Riohacha, Santa Marta y Sincelejo-, las del Grupo 4 el ajuste sería del 30% del aumento correspondiente a las ciudades del Grupo 1. A partir del año 6, el ajuste del salario mínimo nominal sería pleno para los cuatro grupos de ciudades.

La segunda, es partiendo de un salario mínimo de $737.000 en el primer año, hacer incrementos correspondientes a la meta de inflación más un componente de aumento en la productividad de la mano de obra si fue que lo hubo en las ciudades del Grupo 1, y dejar el salario constante en el primer año en las tres zonas restantes. En el tercer año en las ciudades del Grupo 2, poner el salario en el nivel Grupo 1 el año anterior, y dejar constante el de las ciudades de los Grupos 3 y 4. En el cuarto año, poner el salario mínimo de las ciudades del Grupo 3 al nivel Grupo 2 el año anterior y dejar constante el salario mínimo de las ciudades del Grupo 4. Finalmente, en el año quinto poner el salario de las ciudades del Grupo 4 al nivel de las ciudades del Grupo 3 el año anterior.

Según Arango y Flórez, una de las principales limitaciones de cualquier reforma en el mercado laboral es el incumplimiento o la ilegalidad, para ello se debe incrementar en todo el país el número de inspectores y habilitar canales fluidos de quejas ante el Ministerio de Trabajo.

“La propuesta de un salario mínimo diferenciado por ciudades, deber ir de la mano con medidas y acciones sistemáticas que permitan aumentar la productividad laboral de la mano de obra. Para producir el salto se requiere capital humano tanto técnico y tecnológico como de alta formación. En este sentido, la mayor y mejor oferta educativa y el apoyo a la demanda de educación deben seguir siendo un objetivo permanente. Colombia tiene planes de ser en 2025 la más educada de America latina y el cumplimiento de esta meta nos debe ayudar a incrementar la productividad laboral. Con ello vendrán mejores salarios para todos”, consideran.

 

Para contrarrestar las consecuencias de un salario mínimo

Los efectos previsibles de un salario mínimo diferencial, en caso de implementarlo en el país, tendrán mayor visibilidad en las zonas de baja productividad laboral, donde aumentará la atracción de firmas por ser zonas de menor salario mínimo y se deberá, de acuerdo con los investigadores, hacer frente con todas las instituciones de educación y capacitación.

‘Además de evitar aumentos desmedidos del salario mínimo para que este no se aleje de la productividad laboral de los trabajadores menos capacitados y diferenciarlos por regiones, se deben implementar otro tipo de acciones como emprender programas de capacitación de la mano de obra para aumentar su productividad; reducir los costos de la creación de empresas; tener una estructura impositiva que estimule la inversión; informar permanentemente a los empresarios que generan empleo informal de las bondades de ser formal, como por ejemplo, tener acceso al sistema financiero, a la capacitación de su mano de obra, a mejores prácticas empresariales, etc.; modificar algunos incentivos que han hecho que ser informal sea un estado persistente; y revisar los incentivos a ser informal que introduce el esquema actual de acceso a la salud’, concluyeron.