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domingo, 1 de noviembre de 2026
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POT 2015: cuentas pendientes | Opinión

POT 2015: cuentas pendientes | Opinión 1
Diego Orlando Barbosa Montealegre

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En diciembre de 2015, Villavicencio adoptó su Plan de Ordenamiento Territorial mediante el Acuerdo 287. Once años después, la discusión no debería limitarse a la modificación de normas urbanísticas. La pregunta de fondo es si el modelo de ocupación propuesto respondía a las necesidades reales de crecimiento y a la capacidad de la ciudad para sostenerlo.

Las cifras merecen especial atención. El seguimiento municipal identificó 5.196,28 hectáreas de suelo de expansión urbana. Por su parte, la Secretaría de Planeación reportó en 2025 el desarrollo de 524,22 hectáreas mediante planes parciales, equivalentes al 10,09 % de dicha superficie. Estas cifras plantean una pregunta inevitable, ¿cuánto suelo necesitaba realmente Villavicencio y cuánto logró habilitar?

La Ley 388 de 1997 establece que el suelo de expansión debe guardar correspondencia con las previsiones del crecimiento poblacional y con la posibilidad de dotarlo de infraestructura. Clasificar suelo no significa urbanizarlo. Entre una decisión normativa y la construcción efectiva de ciudad se requieren inversiones en acueducto, alcantarillado, movilidad, espacio público y equipamientos, aspectos en los que quedaron vacíos por resolver.

El diagnóstico municipal de 2025 evidencia esta tensión. Aunque reporta una cobertura urbana de acueducto del 95,59 %, la cobertura efectiva atribuida a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio alcanza el 79 %. En alcantarillado, las cifras corresponden al 94,98 % y al 79,43 %, respectivamente. Si bien estos indicadores responden a metodologías diferentes, ponen de manifiesto la necesidad de precisar quién presta los servicios, dónde existe capacidad disponible y qué inversiones demanda la expansión urbana.

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Sin embargo, los datos reconocen que Villavicencio no cuenta con una planta de tratamiento de aguas residuales. Asimismo, identifican retrasos en infraestructura estratégica y servicios públicos. Ante este panorama, surge una pregunta fundamental, ¿cómo proyectar nuevos desarrollos urbanos sin resolver integralmente el saneamiento de la ciudad existente?

Esta discusión adquiere especial relevancia hacia Porfía y el sur del municipio, donde las condiciones topográficas y la capacidad de las redes hacen necesario evaluar alternativas de conducción y tratamiento. Los ríos Ocoa, Guatiquía y Guayuriba no pueden convertirse en receptores de las consecuencias de una planificación que no articule adecuadamente la ocupación territorial con el saneamiento básico.

A estas dificultades se suma una realidad que la propia Alcaldía reconoce. El diagnóstico de 2025 registra 642 asentamientos, de los cuales el 38 % se clasifica como ilegal. El documento relaciona la ocupación informal con la escasa oferta de vivienda formal y las dificultades de acceso al suelo urbanizable. Se trata de una paradoja que exige explicación, una ciudad con extensas áreas de expansión previstas y, simultáneamente, con barreras para acceder al suelo formal.

La evaluación municipal también identifica una falta de integración entre movilidad, servicios públicos y equipamientos; una débil proyección de infraestructura; predios urbanos vacíos y determinantes ambientales pendientes de incorporación.

En este contexto, la revisión general del POT debe comenzar con una evaluación rigurosa de la demanda de suelo, las densidades urbanas, la disponibilidad hídrica, el saneamiento, la gestión del riesgo y la capacidad de financiación. Asimismo, debe examinar las posibilidades de consolidación, renovación urbana, aprovechamiento de predios vacíos y regeneración urbana antes de justificar nuevas áreas de expansión.

El POT del Bicentenario representa una oportunidad para corregir las debilidades identificadas y definir un modelo de ocupación territorial sostenible. Villavicencio no se desarrolla por el simple hecho de contar con suelo clasificado para su expansión. Necesita demostrar dónde, cuánto y bajo qué condiciones puede crecer.


Diego Orlando Barbosa Montealegre

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