Señor nuevo director

No es un secreto que la elección del director de Cormacarena y la de cualquier corporación ambiental en el país tiene tintes políticos. Cada cuatro años, las fuerzas e intereses de quienes gobiernan o están a punto de asumir las riendas de las regiones tienen una influencia directa sobre las juntas directivas de estas entidades para determinar los sucesores.

En el caso del arquitecto Andrés Felipe García Céspedes, quien acaba de ser elegido para el periodo 2020-2023 de Cormacarena, no dudamos de que se trata de un profesional capacitado que tuvo un aceptable desempeño a su paso por la secretaría de Planeación de Villavicencio, en el periodo del ahora gobernador electo Juan Guillermo Zuluaga.

Ambos cargan sobre sus hombros los cuestionamientos por la penosa aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la capital del Meta, aprobado a las carreras y
sin las discusiones necesarias, el 29 de diciembre del 2015, que entre otras incorporó mayores áreas urbanas sin estudios técnicos claros, afectando con la decisión zonas de interés medioambiental.

Sin embargo, dependerá del mismo García Céspedes sacudirse de ese ‘halo zuluaguista’ con el que de entrada asumirá su cargo desde el próximo mes de enero y el cual no puede negar pues incluso en sus redes sociales compartió durante campaña las publicaciones del entonces candidato a la Gobernación.

Esperamos que, como lo dice el carácter institucional de Cormacarena, sea un funcionario autónomo, que no responde al gobierno sino a las entidades de control y vigilancia. Como dijo el procurador, Fernando Carrillo, estas Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) deben dejar de ser fortines burocráticos y responder realmente a la protección de la
naturaleza y del ecosistema.

De paso dijo que hay 396 actuaciones preliminares sobre las CAR por distintos aspectos y de ellas el 61% (244 actuaciones) corresponden a presuntos actos irregulares en el manejo administrativo y de contratación de las mismas.

La tarea de García no será fácil en momentos en que el Meta tiene una de las más altas tasas de deforestación del país, y la minería ilegal asoma en diferentes lugares del departamento; sin dejar de lado que por su entidad pasarán los trámites para autorizar los más grandes proyectos agroindustriales y de exploración de hidrocarburos en zonas sensibles para el medio ambiente.

Las tentaciones que ponen los corruptos serán muchas pero hoy más que nunca se necesitan en este tipo de entidades ambientales lideradas por personas íntegras que defiendan realmente los intereses del planeta como recurso no renovable. Muchos éxitos, señor nuevo director.
DEL