Ser y parecerlo (I)

Dicen que “la mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo”, esto, entre muchas otras interpretaciones, para hacer referencia a la importancia de que no solo valen las palabras o los discursos, si en la práctica no se demuestra qué tan honesto se es. Mejor dicho, se trata de tener coherencia entre lo que se dice y lo que se hace para evitar caer en la sentencia que decían los abuelos: “el cura predica pero no aplica”.

No deja de preocupar en estas dos primeras semanas de gobierno tanto del alcalde de
Villavicencio, Felipe Harman, como del gobernador del Meta, Juan Guillermo Zuluaga, la poca importancia de abordar estratégicamente el tema de la lucha contra la corrupción, siendo uno de los principales problemas en la región.

Si bien es cierto por los lados de Harman se ha enviado un mensaje de encargar a personas probas en un cargo clave como la Secretaría de Control Físico a Diana Herrera, también es cierto que se contradice al nombrar a Oscar Parra Herazo, como nuevo gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio (EAAV) quien generó inquietud. El funcionario tiene al menos una investigación encima por un proceso de responsabilidad fiscal de la Contraloría de Nariño cuando fue gerente de Empopasto, en la
capital de ese departamento. La investigación data de noviembre del 2018.

En Colombia a nadie se le niega una investigación, pero dejar en un cargo tan crucial como
la gerencia de la EAAV a alguien que no es de la ciudad, que no conoce la problemática del acueducto y que abiertamente es una cuota burocrática del exgobernador de Nariño, Camilo Romero y de Gustavo Petro, de quien Parra fue funcionario en la Empresa de Acueducto de Bogotá, es ya algo suspicaz para los críticos de Harman, de quien se espera una lucha frontal contra la corrupción.

En el caso de Zuluaga, deja preocupación una foto en la que presuntamente se discute el futuro de los arreglos de la bocatoma del acueducto de Villavicencio, y en la cual aparece Héctor Andrés Castro, exgerente de Edesa, condenado a 11 años de prisión por la Procuraduría por la celebración de un contrato sin el cumplimiento de los requisitos
legales, falsedad ideológica en documento público y determinador del delito de falsedad en
documento privado para la adquisición de un software.

Aquí, argumentos jurídicos para que él fuera a la reunión debe haber, pero lo cierto es que
hasta ahora nadie ha explicado la presencia del exfuncionario en una reunión que se discute un tema del que Castro conoce detalles que nadie más. Todo para decir que “la mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo”.