‘Turris, una historia que se repite en las calles de Villavicencio

Después de mover nerviosamente la cabeza hacia un lado y hacia otro, como cuando va a vender un moño de marihuana, el  joven baja la cabeza y empieza a balbucear algunos recuerdos que parecen lejanos pero que son de hace apenas un poco más de una década, cuando él tenía 11 años de edad y su parcero nueve

Al agachar la cabeza y quitarse la cachucha deja ver por lo menos dos cicatrices que reflejan esas memorias de infancia en Brisas del Guatiquía, el barrio donde en suerte le correspondió crecer. Dice llamarse Stiven, pero una vecina del sector lo identificó momentos antes como Jorge.

¿Cuál es el nombre real?, no importa, lo cierto es que varios coinciden en decir que es el único amigo de la infancia vivo que le quedó a Jhorman Fernando Montealegre Gamboa, el parcero que hace 11 años tenía nueve. A Jhorman pocos lo conocen y solo hasta que en la ciudad se nombra a ‘Turris’ es que muchos abren los ojos y lo identifican con inseguridad y delincuencia. Organismos de investigación relacionan a Montealegre con 32 diferentes delitos entre los que se encuentran tráfico de estupefacientes, fleteo, hurto y homicidio. 

“Es que a ‘Turris’ le tocó duro desde el comienzo”, es lo primero que dice Stiven como tratando de justificar a su amigo que hoy se encuentra en una cárcel de Florencia (Caquetá), capital donde fue recapturado hace 20 días.

“Al papá se lo mataron y la mamá se la pasa consumiendo vicio por las calles. Ella ni sabrá qué le pasa al hijo porque desde pequeño le importó un c…”, asegura el amigo de ‘Turris’, quien dice que hoy todos los de la gallada de Brisas que se la pasaban de niños están presos o muertos.

“A él lo crió fue la abuelita, ¿me entiende?,  porque el papá lo único que le dio fue el nombre y el apellido porque el cucho también se llamaba Fernando Montealegre. A María le dicen ‘Marucha’, que es la mamá, y está en la completa indigencia. Anda sucia, ‘embazucada’ y pidiendo comida. Ella decía que nunca quiso tener a ‘Turris’ y que era un estorbo que lo quería abortar y eso se lo decía a él cuando éramos niños”, recalca el joven.

Del padre, ‘Turris’ heredó la mente criminal, pues  también era un reconocido ladrón que hería a sus víctimas cuando no se dejaban robar. Stiven dice que una vez aprendió de él la forma de meter el cuchillo en el abdomen y que se desangrara más despacio. La Policía dice que justo cuando estaba buscando un trabajo decente, cansado de ser delincuente y pagar varias condenas, una tarde un antiguo enemigo de fleteo que lo vio desarmado le clavó dos tiros en el cuerpo.

Pese a la distancia que tenían los dos, a Jhorman le dolió el asesinato de su padre y cada vez más comprendía que solo usando una pistola podía ser respetado.

 “El caso de Jhorman es el mismo que enfrentan ahorita mismo cientos de niños en Brisas y en otros sectores de Villavicencio, los patrones de comportamiento que los rodean desde niños son siempre negativos. Empiezan a sentir que delinquir es lo normal”, dice un investigador que le ha seguido los pasos desde niño.

Agrega que la abuela de crianza es una señora de bien que se dedicaba a cuidar de vez en cuando a otros niños del barrio. Sin embargo, el dinero escaseaba y el hambre abundaba en la casa y a veces solo lo que su nieto, con escasos ocho años, podía conseguirse robando era lo que comían.

“Le dolía mucho ver eso porque sentía que la única persona que se había preocupado por él  de niño estaba sufriendo, entonces cada vez quiso tener más plata para poderle llevarle más cosas a la viejita y la única manera era con los manes del barrio. No había de otra”, explica Stiven.

En una de esas fue que ‘Turris’  tuvo su primer lío con la Policía. Pese a que desde los ochos ya raponeaba bolsos y celulares en el centro, fue a los 14 cuando los aprehenden por porte ilegal de armas. Se había convertido en un hombre de confianza del ‘Diablo’ el jefe de la olla. Hacía más de cuatro años había dejado de estudiar cuando a duras penas terminó quinto de primaria.

Ese presente que lo abrumaba parecía marcarlo para ser delincuente.

“Cuando uno habla con él tiene una mirada normal. No es resentido. Parece hasta noble, uno no piensa que es capaz de matar a alguien”, dice una funcionaria que ha hablado personalmente con ‘Turris’.

El ciclo se repite    

Para el director Seccional de la Fiscalía del Meta, Robinson Chaverra Tipton, los estudios sociológicos indican que la familia es la esencia de la sociedad y por ello no en ninguna otra parte tienen la génesis estos casos de niños delincuentes.

“Si en la familia no se corrige, hay un delincuente en potencia. En el caso de ‘Turris’ hay un descuido  del núcleo familiar evidente. Es importante que un menor de edad tenga las condiciones dignas para crecer en valores y principios”, dice, el funcionario de la Fiscalía.

Chaverra explica que de las 75.000 investigaciones que adelanta la Fiscalía en el Meta, 4.800 delitos han sido cometidos por menores. En delitos mayores ya son casi 1.000 las que involucran a niños y adolescentes. Mediante el programa ‘Futuro Colombia’, este organismo investigador busca prevenir el delito y generar una cultura de justicia.

Por su parte el secretario de Gobierno de Villavicencio, Hilton Gutiérrez, afirma que el caso de Jhorman Montealegre parte de un embarazo no deseado que desemboca en una suerte de circunstancias convirtiendo a ‘Turris’ en un mito dentro de la delincuencia, con apenas 19 años.

“Aquí lo malo es el ejemplo que él pueda ser para otros menores que hoy lo ven como un ‘ídolo’ y sucede: esta semana la Policía capturó a una banda integrada, entre otros, por ocho menores de edad. Es un círculo vicioso que se repite y en donde hace falta presencia del Estado para intentar romper ese círculo, por ello es que en el plan de desarrollo se incluirán estrategias para atención a  población vulnerable. ‘Turris’ al final de cuentas fue un niño vulnerable”, sostuvo Gutiérrez.

Para el funcionario, se necesita coordinar el trabajo articulado que desempeñan varias instituciones, bajo el liderazgo de la Administración municipal pero en el que todos aporten.

Padres son los responsables

La capitán Martha Arcos, directora de Infancia y Adolescencia de la Policía Metropolitana de Villavicencio, explica que los padres deben ser responsables pues deben acompañar a los menores de edad en su proceso de crianza.

“La Policía no puede reemplazar a la familia del menor. Muchos adultos entregan a sus niños y adolescentes  a las autoridades porque no saben cómo manejarlos y eso es gravísimo pues intentan trasladar la responsabilidad a las autoridades. Sin embargo a veces lo que hacen los menores es repetir la línea generacional de delincuencia que ven con sus padres o familiares, si no hay ejemplo en casa es difícil”, dice la oficial.

Agregó que en promedio son cinco los adolescentes que a la semana son conducidos por conductas delictivas por Infancia y Adolescencia.

En caso de denuncia, llamar al 3203049486, las 24 horas del día.

Periódico del Meta consultó al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar sobre el caso ‘Turris’ pero a través de sus voceros indicaron que no querían pronunciarse.