Un año de aguante

La vía al Llano abrió con restricciones el 17 de septiembre

Termina un año 2019 en el que los llaneros dimos ejemplo, una vez más, de nuestra capacidad de resistencia ante las dificultades, y en el que el esfuerzo por salir airosos de los problemas nos ha dado fortaleza para continuar.

No lo decimos únicamente por el impacto social que dejó el cierre de la vía al Llano por más de seis meses y que aún tiene consecuencias o por los problemas en servicios como el acueducto y la energía, sino porque de alguna forma este año que se nos va, ha hecho que reflexionemos sobre la manera de encontrar salidas diferentes a las que se han propuesto en el pasado. En este proceso se han vislumbrado nuevos liderazgos en la región que esperamos cumplan con las expectativas para el 2020 y asuman su responsabilidad histórica de no quedarle mal a un departamento que necesita pensar más en las respuestas y menos en los problemas.

Esos líderes tanto en corporaciones públicas, alcaldías e incluso otros que han llegado a gremios, no pueden fallar en el intento de actuar diferente, pues la confianza depositada debe reflejarse en hallar salidas distintas.

Los resultados de las elecciones en octubre son un campanazo para que la tradicional clase dirigente del Meta actúe. Si bien muchos de sus representantes fueron reelegidos y seguirán en el poder, también la ciudadanía, y en especial los jóvenes (“de edad y de corazón” como diría el poeta), no están tragando entero y han decidido participar más activamente. Como ciudadanos tenemos una cuota de esa responsabilidad, pues sólo de la comprensión profunda y auténtica de los grandes problemas de la Orinoquia vendrán las grandes soluciones.

Las protestas sucedidas después del 21 de noviembre, todas pacíficas en el caso del Meta, también enseñaron que es urgente darle un espacio de participación en escenarios de debate a la gente, distintos a los que ya existen, y donde su voz sea escuchada y tenida en cuenta.

Es un hecho que las manifestaciones en las calles continuarán el próximo año, esperamos que las tensiones, radicalismos y los celos de poder no determinen un proceso de desestabilización en las instituciones, con consecuencias insospechadas.

Es fundamental que el carácter pacífico se mantenga y de la protesta social se pase al diálogo social permanente. Por ejemplo, la discusión de los planes de desarrollo de los nuevos mandatarios territoriales, en lo local, será un buen escenario para saber qué tan dispuestos están los nuevos gobernantes a mantener esa comunicación sincera con la ciudadanía. A nuestros lectores y seguidores les deseamos unas felices fiestas y que este espíritu de cordialidad que trae la Navidad, se mantenga en el 2020.