Una guerrillera que cambió las armas por cosméticos

Mireya Herrera es una ex combatiente de las Farc que se fue a las filas de este grupo armado ilegal apenas con 23 años de edad, creyendo en la promesa con la que muchos se vinculan. Estaba convencida de que en adelante tendría el dinero suficiente para mantener a sus dos hijos y que además podría estudiar.
Luego de 13 años de sufrimientos, trasnochos y el miedo constante por tener a la muerte mirándola de frente no resistió más. Cansada de obedecer órdenes, de no tener libertad y no poder estar junto a  su familia decidió desmovilizarse.
Ahora, con 36 años de edad, cinco hijos, estudios en el Sena, un trabajo independiente y muchas ganas de seguir avanzando, Mireya cuenta que abandonar las Farc y unirse a la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), fue la decisión más sabia que pudo tomar.
Aunque la decisión no fue fácil pues la atormentaba el miedo a ser estigmatizada y todos la señalan y lo que es peor, que la excluyeran de la sociedad.
“Al principio tenía mis dudas, me avergonzaba desmovilizarme porque todo el mundo iba a saber dónde había estado y pensaba en lo que me iba a decir mi padre de todo eso, pero gracias a Dios entendí que si quería recuperar el tiempo perdido con mis hijos debía hacer las cosas al derecho y cortar todo de raíz” cuenta.
Las cosas para Mireya no han sido fáciles, luego de desmovilizarse tuvo que soportar la muerte del papá de sus hijos por manos de otro grupo armado ilegal que, según ella, quiso tomar venganza.
Ese momento tan crucial de su vida, donde tuvo que aceptar que ahora estaría sola con sus hijos la hace reflexionar sobre la importancia del diálogo y la reconciliación. Tiene la sensación que con tanto tiempo portando armas pudo llegar a lastimar a personas que ni ella misma imagina y por eso hace ahora las cosas desde la legalidad.
“Yo a veces pienso que puedo estar hablando con alguien a quien le pude haber causado mucho daño, y me arrepiento porque sé cómo duele, yo fui victimaria y víctima a la vez, sin embargo reconozco que aunque no puedo cambiar el pasado estoy transformando mi presente por mis hijos, mi padre, mis hermanos y yo”, dice convencida.
A través de la oferta del Sena, la ACR vinculó a Mireya en varios cursos de manejo de alimentos, servicio al cliente y sistemas, sin embargo arreglar las uñas y el cabello es lo que realmente la hace feliz y el trabajo al que actualmente se dedica.
Como madre soltera, junto a sus cinco hijos, disfruta lo que hace porque le permite repartir su tiempo entre el trabajo y los niños.
“Mis hijos son el motor, mi fuerza, la mayor alegría, son quienes a pesar de los problemas que se puedan presentar siempre están ahí para recordarme que el camino sigue y que si estamos unidos como familia todo estará bien”, cuenta Mireya con lágrimas en sus ojos.
El despertar fue difícil, pero hoy luego de cinco años de haberse desmovilizado tiene la tranquilidad de poder gozarse cada minuto de la vida de sus hijos. Así, Mireya Herrera es uno de los 13.000 casos de personas que terminaron exitosamente su proceso de reintegración en el país gracias al apoyo de la ACR y que aportan desde la sociedad civil en la construcción de la paz, con legalidad.