Una vía que anuncia tragedia

Los cierres de la vía al Llano son una constante que preocupan a la región, y aún más por el riesgo que se está corriendo al viajar por ella.

Invierno, inestabilidad geológica, malas prácticas ambientales y desidia, una mezcla perfecta para anunciar un desenlace que ya ha ocurrido en esta carretera.

La carretera Bogotá – Villavicencio es una vía abandonada a la suerte del invierno y de los derrumbes. Esta situación, sumada a la inestabilidad del terreno y a las malas prácticas en el uso de suelo por parte de habitantes de la montaña, según argumenta la concesionaria, se convirtió en una mezcla mortal que ha provocado el deslizamiento de más de 50.000 metros cúbicos de tierra y rocas.

El más reciente hecho provocó derrumbes, desbordes de quebradas y caídas de árboles en 21 puntos (localizados entre los kilómetros 31 y 70 de la carretera), que mantuvieron cerrado este importante viaducto que conecta al Llano con la capital del país, por casi una semana.

Precisamente, en la reunión que se llevó a cabo el pasado martes, en la que se perdió la oportunidad de conformar la veeduría y a la que no asistieron ni la Ministra de Transporte, Ángela María Orozco, ni el alcalde de Villavicencio, ni la Gobernadora del Meta, el gerente de Coviandes, Alberto Mariño, dijo que los puntos críticos en realidad son 80 y no 10 o 21 como se dijo en un comienzo.

Es decir, aparte del kilómetro 64+200 (punto neurálgico de la zona), por el cual se ha tenido que cerrar la vía en más de 15 ocasiones este año, hay otros 79 puntos con probabilidad de derrumbes que ponen en constante riesgo a los usuarios de la vía, aunque son monitoreados contantemente.

Así mismo, se dio a conocer a través de fotografías que la inestabilidad de la Cordillera Oriental en su parte alta ha crecido, ocasionando deslizamientos en la margen derecha del río Negro, que han producido el represamiento de este afluente y la afectación de algunas torres de energía que se ubican en esa zona (kilómetro 66).

“No somos responsables”
Aunque la geología de esta cordillera es lo que preocupa hoy al gerente de Coviandes, asegura que las obras que se adelantan en la vía y la explosión de materiales para construir los túneles, no son la causa de los derrumbes sino la actividad agrícola que se realiza en la zona, las vías terciarias y el mal manejo de aguas.

“Estamos tranquilos porque nosotros no somos responsables de la situación, es un caso de fuerza mayor y eso está más que comprobado. En el otro deslizamiento importante que es en el kilómetro 64+200 claramente tuve la oportunidad de presentarles cómo el seguimiento de los especialistas en la zona de los picos mostraba que desde el año 1994 había deslizamientos en esa zona y se mostraban en las inspecciones que ellos hicieron las cicatrices antiguas de esos movimientos. Eso no se debe a la dinamita”, sostiene.

Y asegura que se han hecho apenas unas voladuras puntuales, que no afectan de ninguna manera la estabilidad de la montaña. También dice que hay túneles en los que prácticamente no se han utilizado explosivos y que adicionalmente se tiene que cumplir la normatividad ambiental, en la que se deben llevar registros de cada una de las voladuras a través de sismógrafos que se instalan en los túneles cuando se va hacer la voladura.
“Ninguna lectura de esos sismógrafos ha superado la norma, por el contrario están muy por debajo y eso ha sido comprobado y puede ser comprobado”, reiteró.

Sin embargo, la lectura que expertos le dan a los derrumbes es otra. Según Giovanni Ángulo, experto en minería subterránea, toda actividad minera, genera vibraciones, más aún túneles de grandes dimensiones.

“Para hacer avances reales en los túneles necesitan hacer unas explosiones que me permitan sacar volumen de material, creo que ahí estamos viendo que no es controversial y esas detonaciones son las que tenemos que empezar a mirar si están pasando los niveles del rango, si van a tener una afectación”, señala el experto.

De Coviandes a Coviandina

En agosto del 2019 terminará la vida legal de Coviandes y la administración de la vía pasará a manos de Coviandina, la que se encargará del mantenimiento de la carretera.
Alberto Mariño dijo en la reunión del martes que: “tenemos que buscar soluciones rápidas y no echar culpas. Tenemos que ver de dónde se buscan los recursos para poder atender (los 80) puntos críticos”.

Agregó que “en este momento Coviandina está construyendo las obras entre Chirajara y Villavicencio y en agosto del año entrante toma la operación del corredor vial. Si las construye el Invías es una decisión exclusiva del Ministerio de Transporte y de la Agencia Nacional de Infraestructura pero nosotros todo lo que estamos haciendo en este momento es colaborar para identificar los sitios críticos y desde nuestro punto de vista recomendar la ejecución de las obras”.

Para Mariño, estas obras deberán ejecutarse en época de verano, es decir, entre noviembre diciembre y los primeros meses del 2019, para no correr riesgo alguno, en las que se puedan ver obras como las de hace 10 años, donde se realizaron en el corredor vial un sinfín de trabajos para la atención de emergencias en la carretera.