Campesinos, de invisibles a elogiados

Los campesinos deben empezar a guardar las normas de bioseguridad, en especial cuando se trabaje con varias personas en la misma finca.

El profesor de Ingeniería Agroecológica de la Uniminuto hace un análisis de las razones por las cuales hay que pensar en el campo de una forma distinta, tras elcovid-19.

Por. Daniel Acosta Leal, MSc. en Ciencias Agrarias.

El mundo está en crisis por el covid-19 y hoy, después de tener el sector agropecuario de manera marginal, se considera uno de los sectores más necesarios para salir de la emergencia. El aislamiento preventivo nos ha llevado a repensarnos, a consumir estrictamente lo necesario, a valorar el trabajo de los campesinos y a esperar que el mercado esté disponible en la tienda más cercana.

El trabajo digno del tendero que intentó ser arrasado por grandes superficies que acaparaban a los consumidores con marcas blancas y márgenes de utilidad muy bajos, pero con volúmenes de grandes magnitudes cada vez se reevalúa. Cada persona desde su casa ha preferido buscar abastecimiento en las tiendas o almacenes más cercanos en vez de desplazarse hasta concurridos centros comerciales.

Deberíamos retornar a los principios de economía solidaria y continuar dando valor y prioridad a la economía ecológica.

Es el momento de creer en el campesinado, de apoyarles, más que con aplausos invisibles por redes sociales, con políticas públicas que les brinden beneficios para mejorar su calidad de vida, para ellos logren mantener alimento disponible y así nuestro país pueda proveerse de alimentos propios. ¿Qué pasaría si este cierre preventivo obligatorio se extendiera? ¿Se podrían cerrar las fronteras e importaciones para evitar el ingreso del virus actual?¿o de uno posterior? La respuesta en no.

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Cada barrio, cada vereda, cada pueblo cuenta con infinidad de panaderías con el trigo como materia prima. Ahora bien, ¿Colombia produce todo el trigo que consumen sus habitantes? No, otra vez no, para 2018 Colombia importó cerca de medio millón de dólares en harina de trigo ¿y la papa, bore, tubérculos altoandinos? Eso no se consume o son catalogados como alimentos provenientes del subdesarrollo.

Se requiere de inversión en investigación que permita revolucionar la industria alimenticia
local y potencializarla como producto de alimentación citadina debido a que la comida tradicional refresca la memoria de recuerdos y vivencias de lo familiar y lo artesanal. Es hora de hacer un alto en el camino, de pensar en la necesidad de proteger nuestra seguridad, soberanía y autonomía alimentarias como principios básicos de la torre de la sostenibilidad en la que se enmarca la Ingeniería Agroecológica.

Cuando se compra la leche de la empresa local o las papas fritas provenientes de las manos de nuestros campesinos, los patacones del pacífico colombiano, la yuca y maíz proveniente de los llanos orientales, la panela de Cundinamarca, los bocadillos de
Santander, los duraznos, peras y ciruelas de Boyacá, en fin, la lista es interminable con un país tan diverso en climas, pisos térmicos y producción agropecuaria.

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Así se disminuye el índice de Dependencia Alimentaria (GDA) no solo con el ánimo deidentificar cuánto se depende de alimentos provenientes de otros países para nuestra subsistencia en un momento determinado, sino para identificar las dependencias existentes y a partir de ellas generar planes de acción que mejoren el panorama a futuro.

En este sentido, dignificar el trabajo humano, propender por la salud y calidad de vida de nuestros campesinos, producir bajo economía ecológica, producción más limpia y con responsabilidad social y ambiental es un compromiso de la Ingeniería Agroecológica.
Seguiremos cultivando el camino que consideramos el correcto, como lo expresa la FAO.

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