Desminado: la línea entre la vida y la muerte

El pasado tres de febrero, la vereda Santa Helena del municipio de Mesetas fue declarada libre de minas antipersonal. Esa vereda había sido priorizada en septiembre del año 2015 para implementar el desminado humanitario. Pero fue solo un primer paso: desde 1990, las minas antipersonal (MAP) y la munición sin explotar (MUSE) han dejado 1.134 víctimas en 21 municipios del departamento del Meta, según la Dirección de Acción Contra Minas (DAIMAC). 

 “Sabemos que el departamento del Meta tiene una extensión de más  45 mil kilómetros cuadrados.  Para las zonas que están asignadas para las unidades tanto militares como organizaciones civiles de desminado están asignadas 29.965 kilómetros cuadrados”, explica el coronel José Ricardo Sanjuanés, comandante del Batallón de Ingenieros de Desminado Humanitario No. 4, que tiene jurisdicción en el Meta.

Organizaciones

Cuatro organizaciones  y una brigada del Ejército dedicada exclusivamente al desminado humanitario son las encargadas de las operaciones en los ocho municipios priorizados del departamento, que han sido divididos en zonas por el DAIMAC. Así, según información de la Dirección de Acción Contra Minas,   Handicap International es responsable de las operaciones en una zona de resguardo en La Macarena y en área de Parque Natural Nacional de Vista Hermosa. En esos dos municipios también tiene asignadas dos zonas  Campaña Colombiana Contra Minas, una organización colombiana de desminado.

Por su parte, la Ayuda Popular Noruega tiene tres zonas asignadas: una en Mesetas, otra en Uribe y una en Vista Hermosa. La organización con más zonas asignadas  es The HALO Trust: trabaja en Uribe —donde hace presencia en 49 de las 57 veredas priorizadas—, Vista Hermosa y Mesetas, y es la única organización que hace presencia en San Juan de Arama, Puerto Rico y Lejanías. La Brigada de Ingenieros de Desminado del Ejército también trabaja en seis zonas: tres en La Macarena, una en Vista Hermosa y una en Mesetas, y es la única que hace presencia en Mapiripán.

Sin embargo, vale la pena mencionar que el Ejército ha venido realizando desminado militar en varios municipios del departamento. Como explica el coronel Ricardo Sanjuanés, comandante del Batallón de Ingenieros de Desminado No. 4, la diferencia entre el desminado militar y el humanitario consiste en que el primero lo realizan grupos especializados antiexplosivos del Ejército mientras que el segundo lleva implícitas la asistencia humanitaria y la restitución de derechos de las comunidades.

¿Cómo trabajan?

Antes de iniciar las labores de desminado, las organizaciones efectúa el Estudio No Técnico, que, en palabras de Emma Simmons, gerente de locación de The HALO Trust, “es la investigación, identificación y delimitación de la sospecha en un área peligrosa y, por lo tanto, identificación de zonas donde no hay afectación de minas y donde la comunidad puede seguir con sus actividades diarias. Luego se despliegan los equipos de desminado en estas áreas delimitadas, que es un proceso mucho más lento y costoso”.

Luego, en el trabajo de desminado, la técnica empleada más común es el desminado manual, que es ardua, demorada, difícil y riesgosa,  pues cada desminador debe avanzar centímetro a centímetro, debido, por ejemplo, a la presencia de minas antipersonal hechas con material plástico, que no pueden ser detectadas de otro modo. Cada equipo de trabajo cuenta, además, con socorristas, enfermeros y expertos en trabajo con la comunidad.

En el caso de HALO, Simmons explica que están pensando en nuevas técnicas de apoyo: “En Meta, en este momento HALO está entrenando cuatro caninos de raza Pastor Belga y sus respectivos guías. Con el apoyo de un experto sudafricano, HALO investiga la viabilidad de esta herramienta para apoyar nuestras actividades. De igual manera HALO está investigando las opciones de apoyo mecánico”.

Sin embargo, el apoyo mecánico solo es posible si las condiciones geográficas y ambientales  lo permiten. En el caso del Batallón de Desminado No. 4, el coronel Sanjuanés recuerda que cuenta con una máquina denominada “Barreminas”, que solo puede usarse en terrenos planos y que no sean considerados de protección especial por parte de autoridades ambientales.

Las fechas y los plazos son difíciles de establecer. The HALO Trust, por ejemplo, tiene pensado desplegar equipos de desminado este mes en Lejanías, Vista Hermosa y Mesetas, pero no hay una fecha límite de terminación. “Mientras el apoyo de los donantes siga, HALO continua su trabajo. En este momento, en Meta, HALO tiene compromiso de los donantes para unos 5 años”, afirma Emma Simmons, gerente de locación.

Simmons recuerda un episodio en San Juan de Arama que ilustra lo complejo del trabajo social que está relacionado con el desminado. En ese municipio, HALO limpió y desminó diez áreas de alto impacto, equivalentes a más de 30 mil metros cuadrados libres de minas —incluyendo zonas cercanas a escuelas y caminos veredales—, dentro de los cuales había ocho minas antipersonal y otros artefactos explosivos abandonados.

Pero también hubo malentendidos, dice la gerente: “Desafortunadamente, cuando empezó el desminado en la zona hubo la percepción que iba a interferir con estos proyectos y que los turistas iban a tener temor de las áreas peligrosas marcadas. En realidad, fue lo contrario. HALO participó en reuniones con organizaciones de turismo y explicó los beneficios de tener las áreas marcadas, delimitadas y luego despejadas, para que los turistas puedan transitar y pasear sin temor”.

En esa idea coincide con el coronel Sanjuanés, quien afirma: “Para la población civil (el desminado) es muy importante. Gracias al desminado llega la presencia permanente del Estado, la inversión en áreas donde no se podía ingresar por asuntos de orden público, el empleo, la prosperidad, el progreso y la sustitución de cultivos, y los pobladores pueden volver a ocupar sus tierras”.