viernes, 1 de marzo de 2024
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El peligro de toda la basura que generó la Covid


El peligro de toda la basura que generó la Covid 1
La basura producida por la pandemia, es de proporciones mayúsculas. Foto. U. Externado.
RP
Redacción PDM

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Por Jairo Ospino

Epidemiólogo Cruz Roja Meta

Especial Periódico del Meta

La OMS da información verdaderamente alarmante sobre los desechos médicos que se
han producido en el mundo desde el comienzo de la pandemia. Según sus datos, se han
producido al menos 87.000 toneladas de basura, procedente de equipos de protección
personal (EPP) entregados entre marzo de 2020 y noviembre de 2021.

Lo más preocupante es que la estadística, con seguridad, supera las estimaciones. Todavía
no se ha medido el aumento en la generación de residuos de la población (mascarillas
quirúrgicas de un solo uso, caretas plásticas o guantes), cuyo uso ha disminuido en algunos
países pero no se ha eliminado por completo, ni tampoco se ha evaluado la contaminación
que generan los productos básicos para reducir la posibilidad de contagio (alcohol, gel
desinfectante, envases plásticos etc.).

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Los autores apuntan a que esto solo da una primera indicación de la magnitud del problema de los desechos generados en el contexto de la COVID-19. No tiene en cuenta ninguno de los productos básicos adquiridos para hacer frente a la COVID-19 al margen de esta iniciativa, ni los desechos generados por la población, por ejemplo las mascarillas
quirúrgicas desechables.

Los autores señalan que se han enviado más de 140 millones de kits de pruebas, que
podrían generar 2.600 toneladas de desechos no infecciosos (principalmente plástico) y
731.000 litros de desechos químicos (el equivalente de una tercera parte de una piscina
olímpica), y que se han administrado más de 8.000 millones de dosis de vacunas a nivel
mundial, lo que ha generado 144.000 toneladas de desechos adicionales en forma de
jeringas, agujas y contenedores de seguridad.

El peligro de toda la basura que generó la Covid 2
Ya es común ver tapabocas en la calle. Un grave problema ambiental.

Actualmente, el 30 por ciento de los establecimientos de atención de salud (el 60 por ciento en los países menos adelantados) no están equipados para manejar los montones de
residuos existentes, y mucho menos los montones de desechos adicionales generados por
la COVID-19.

Ello puede exponer a los trabajadores de la salud a lesiones por objetos punzocortantes, a quemaduras y a microorganismos patógenos, además de afectar a las comunidades que viven cerca de vertederos y lugares de eliminación de desechos deficientemente gestionados a través del aire contaminado que emana de la quema de desechos, la deficiente calidad del agua o las plagas portadoras de enfermedades.

En el informe se formulan una serie de recomendaciones para integrar unas prácticas de gestión de desechos más adecuadas, más seguras y más sostenibles desde el punto de vista ambiental en la respuesta a la COVID-19 en curso y en los esfuerzos futuros de
preparación frente a las pandemias, y se destacan relatos de países y organizaciones que lo han puesto en práctica con la voluntad de «reconstruir para mejorar».

Algunas de estas recomendaciones son el uso de embalajes y envíos respetuosos con el medio ambiente, de EPP seguros y reutilizables (por ejemplo, guantes y mascarillas
quirúrgicas) y de materiales reciclables o biodegradables; la inversión en tecnologías de
tratamiento de desechos que no recurran a la quema, como los autoclaves; la logística
inversa para apoyar el tratamiento centralizado e inversiones en el sector del reciclaje para
asegurarse de que los materiales, como los plásticos, puedan tener una segunda vida.

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El análisis llega en un momento en que el sector de la salud está sometido a una presión cada vez mayor para reducir su huella de carbono y reducir al mínimo la cantidad de
desechos que se envían a los vertederos, lo que se debe en parte a la mayor preocupación
por la proliferación de los desechos de plástico y sus efectos en el agua, los sistemas alimentarios y la salud humana y de los ecosistemas.

Desde finales de 2020 se alertaba en estas páginas del uso irresponsable que se le estaba
dando a los EPP2.

En la crónica de ese día de diciembre mencionábamos que el ataque al ecosistema era
doble, por la degradación de los productos tóxicos y por el efecto mecánico que producen,
porque son ingeridos por animales marinos quienes son condenados a morir lentamente
(como también sucede con los guantes, que son confundidos con medusas por delfines y
tortugas marinas). Así mismo, corren el riesgo de morir atrapados en la maraña que forman los elásticos y mascarillas.

La degradación de tapabocas y demás EPP forman micropartículas de plástico, en el mar
son ingeridas por los seres marinos, después retenidas en sus tejidos y pasan al organismo
humano al ser consumidos como alimento.


RP
Redacción PDM

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