El perfil del corrupto

Quien se mete con el dinero público intenta alimentar su propio ego y ganar poder para seguir inflándolo. Expertos aseguran que desde las mismas familias se debe enseñar el respeto por los recursos ajenos. La cultura del dinero fácil y costumbres que dejó el narcotráfico ayudan a imaginarios colectivos equivocados.

 

Los escándalos de corrupción por los que atraviesa el país actualmente, y que le cuestan a Colombia cada año cerca de 50 billones de pesos, según la cifra calculada por el Contralor General de la Nación, Edgardo Maya, han puesto sobre la mesa de análisis y expertos las probables razones, circunstancias, y condiciones sociales, históricas, y psicológicas que han propiciado que políticos corruptos que sean los principales actores de los peores desfalcos en la historia colombiana.

El Meta, por supuesto, no ha sido ajeno a la corrupción, pues es uno de los departamentos más permeados, principalmente en temas de contratación y proyectos que no se han llevado a cabo, los cuales ha dejado cerca de 68 “elefantes blancos”, y una cifra superior a los 200 mil millones de pesos en el limbo.

Este flagelo más radicalizado en algunas regiones que en otras, tiene explicaciones básicas de expertos, quienes se han detenido a analizar dos interrogantes: ¿Cómo es el perfil de un corrupto? y ¿qué propicia la corrupción en una región como el Meta?

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Para analizar el perfil del corrupto es preciso referenciar al psiquiatra colombiano Guillermo Acosta, quien ha estudiado el tema, y lo ha explicado en varios medios nacionales. Para este experto, el corrupto es una persona antisocial o narcisista, que solo desea satisfacer sus necesidades sin pensar en los demás. Se cree superior al otro, y genera una necesidad para mostrar su supremacía.

Sus características principales son: falta del sentido de la ética; déficit de caridad social, búsqueda de logros personales transgrediendo las normas, y el no arrepentimiento de sus malas acciones. El corrupto no es un enfermo mental, pero sí debe buscar ayuda psicológica para corregir su comportamiento, y debe ser responsable de sus actos.

Por otro lado, el psiquiatra Javier Guerra, director científico de la Clínica Renovar en Villavicencio, explicó que la acción de corrupción está conectada a lo antisocial, la cual en un estado capitalista es inevitable que aparezca. El corrupto lo que intenta es alimentar su ego, y dejar bien económicamente su familia. Es un sujeto egoísta.

“Desde que existe la propiedad privada, y el hombre dejó de concebir la familia de una manera grupal (colectiva), nació el ideal del ego, es decir, está bien lo establecido en pareja, y lo que esté fuera de ese núcleo familiar no importa. Se perdió el sentido de lo colectivo”, enfatizó Guerra.

Los expertos coinciden en que la cárcel no rehabilita el corrupto de sus acciones cíclicas y repetitivas. El componente biológico, ambiental, familiar y genético también pueden ser factores detonantes de este tipo de sujetos que están en todos los estratos, y cuya conducta no necesariamente es por falta de dinero.

¿Qué propicia la corrupción en el Meta?

Según Miguel Ángel Venegas, sociólogo y docente universitario, la corrupción radica en su historia, y la manera como se ha desarrollado el poder en Colombia desde el siglo XIX. En un principio la concentración del poder en pocas castas o familias, donde la tierra y la religión fue el centro de la política, no permitió que la clase media se desarrollara en el país.

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Así, la redistribución de la riqueza que sería impulsada por la clase media no se dio, y por el contrario la conciencia de la sociedad se formó bajo la moral de la religión, y no sobre la ética. Los años pasaron, y siguió la exclusión de la clase vulnerable, y la concentración del poder hasta la creación de la Constitución de 1991.

Aunque se creía que el sistema tendría cambios hacia la equidad, la adopción de la corriente del Neoliberalismo profundizó aún más la brecha entre ricos y pobres. Según Venegas, propició que los niveles de corrupción llegaran a puntos muy altos, ya que el Estado entregó funciones al sector privado para que éste garantizara derechos de segunda generación (salud, vivienda, etc) a los ciudadanos, y el objetivo fracasó, ya que la pobreza se convirtió un negocio lucrativo con poco control.

Sergio De Zubiría, filósofo, y docente de la Universidad de Los Andes, explicó que “estamos en un ambiente totalmente hostil para formar una persona con voluntad, y valores, porque se ha empezado a imponer el criterio del dinero, de la vida fácil, el menor esfuerzo, y la superficialidad”.

Este ambiente hostil, apático a elaborar elementos profundos, crea un terreno muy fértil para que las personas cedan muy fácilmente ante las tentaciones de la corrupción, por ende, no es un fenómeno simplemente de maldad individual, sino hay causas del estado actual de la sociedad como su individualidad, narcisismo, y superficialidad que la desembocan.

Para Guerra, la política en Colombia ha infundido la idea de que no es posible administrar bien, por ende, se necesita todo un proceso individual y personal para interiorizar que somos seres sociales, no individuales, y así cada uno se comprometería a actuar bien, y no ser corrupto. Para Venegas, sumado a la corrupción está la violencia, y el narcotráfico, por ello, es necesario crear una cultura política bajo la razón válida y el debate. Y una solidaridad como base de cohesión social para exigirle al Estado responsabilidades como tener un empleo digno.