Hecho a pulso

En sus ratos de descanso, el director de Cultura del Meta, Luis Horacio Vasco, recorre el departamento del Meta en bicicleta.
Creció en Belén, uno de los barrios ‘duros’ del municipio de Granada, en la región del Ariari en el Meta. en el que las necesidades eran el pan de cada día.
Quienes lo conocieron de niño lo veían como un muchacho estudioso, que en épocas de vacaciones escolares le gustaba trabajar en la finca de su abuelo, ubicada en la vereda La Cubillera.
Luis Horacio Vasco Suárez, actualmente es el director del Instituto de Cultura del Meta y uno de los artífices de la Política Pública Departamental de Cultura, tiene una carrera hecha a pulso y, porque vivió en carne  propia la carencia de recursos económicos en su hogar, es que hoy sabe que la cultura y la educación son medios efectivos para lograr espacios de desarrollo personal, en especial para los jóvenes.
En Granada estudió en el Instituto Técnico La Holanda, bajo orientación salesiana, pero tuvo que graduarse de un bachillerato nocturno, debido a que el último año académico trabajó para costearse sus estudios “Los salesianos decían que las vacaciones no eran sinónimo de descansar sino solo un cambio de actividad. Por eso en el receso escolar me iba a la finca de mi abuelo a recoger algodón o maíz; él nos pagaba y con eso me compraba una muda de ropa o los útiles de la escuela. Por eso cuando me tocó trabajar para terminar mis estudios, no se me hizo difícil aunque el sacrificio fue duro”, dice, recordando aquellos tiempos.
Las manos de Luis Horacio Vasco son gruesas y se nota que no solo ha estado en labores de escritorio. Sin temor, ha dicho que además de cosechar en fincas le tocó cargar bultos en las plazas de mercado y ser ayudante de construcción. Ese trabajo fuerte, quemándose bajo sol y sacando callos en las manos, lo ha definido ahora como empleado público.  Los que han trabajado a su lado dicen que es intenso y que cuando se fija un objetivo lo saca a como de lugar y en muchas ocasiones de terco.
“El trabajo me gusta porque mis padres fueron campesinos, pero no propietarios de tierras, así que nos tocaba desde temprano levantarnos a hacer cosas. Esa disciplina de madrugar, encomendar el día a Dios y empezar labores permanece hasta hoy”, sostiene.
Cuando contaba con diez años de edad, sus padres se divorciaron. Ni si quiera la tristeza que le causó esa situación le frenaron sus deseos de tener un mejor futuro para él y su familia. En esa época ya sabía que estudiando era la respuesta para mejorar aquellas circunstancias.
Lleva la cuenta y de sus 46 años de vida, solo ha estado sin trabajo siete meses, el resto ha desempeñado funciones que van desde almacenista de la alcaldía de Granada (su primer cargo público), hasta registrador en poblaciones y épocas en las que nadie quería ser funcionario del Estado porque era declarado objetivo militar.
Se graduó de administrador público de la ESAP, en el año 1998, y durante sus años de universitario se dio cuenta que era a través de la representatividad de la comunidad que podía ayudar a cambiar esas condiciones de pobreza en las que él tuvo que crecer.  Estudió al lado de María Mercedes Méndez, la alcaldesa de El Castillo, quien no alcanzó a terminar la carrera por ser asesinada en la masacre de Caño Sibao.
“Fui el tesorero de la Junta de Acción Comunal del barrio, luego presidente y de ahí en adelante ya empezamos a  tener más relaciones con los concejales, el alcalde y nos dimos a conocer gracias a esa representatividad”, recuerda.
Por eso dice que “el Ariari es mi vida”, pues además de conocerlo bien, fue allí donde se formó profesionalmente y aprendió a saber que la buena política es la que ayuda a las comunidades.
Para mantener vigente la tradición agrícola de la familia, alterna sus funciones públicas con la agricultura. Tiene cinco hectáreas sembradas con plátano.
Pero no solo el campo y la cultura son su pasión, también el deporte. Le encanta el ciclismo y cada vez que tiene la energía y las ganas le gusta salir y recorrer en pedales el departamento.
“La cultura y la educación definitivamente son dos elementos que contribuyen a transformar la sociedad. Si los jóvenes acudieras a los espacios de formación que tiene el departamento, se involucraran en los procesos de decisión, artísticos y culturales, podríamos tener una mejor región y un mejor país. La lectura abre mundos y posibilidades y lo digo con conocimiento de causa”, afirma Luis Horacio.
Dice que su orgullo es haber terminado, junto a todos los representantes y gestores culturales del departamento, la Política Pública de Cultura, un instrumento que, según él, será la hoja de ruta para que por fin el folclor, y las expresiones artísticas del departamento tengan una herramienta sobre la cual avanzar para consolidar el trabajos que muchos hacen de manera aislada.