Jóvenes heredan la búsqueda de los desaparecidos en el Meta
- Publicado en Sep 19, 2026
- Sección Experiencia de paz, Lo Mas Reciente
Lejos de ser un fenómeno del pasado, la desaparición sigue marcando a muchas familias. Jóvenes que crecieron entre esas historias o que decidieron acompañarlas desde el trabajo comunitario hoy impulsan el relevo generacional de la búsqueda humanitaria.
Por Melissa Céspedes
Durante años, la búsqueda de personas desaparecidas estuvo liderada por madres y abuelas que recorrieron instituciones y territorios sin perder la esperanza de encontrar a sus seres queridos. Hoy, esa tarea empieza a cambiar de manos. Hijos, nietos y colectivos juveniles están asumiendo la responsabilidad de mantener viva una búsqueda que trasciende generaciones.
En el Meta, ese relevo no solo se refleja en familias que heredan la búsqueda, sino también en colectivos juveniles que, desde la comunicación, el arte y la memoria, acompañan a quienes llevan décadas esperando respuestas.
Para John León González, integrante de la Corporación Humanitaria Reencuentros, este relevo comenzó a consolidarse tras la firma del Acuerdo de Paz y la creación de mecanismos humanitarios de búsqueda.
León señaló que, con el paso de los años, la participación juvenil ha cobrado mayor fuerza, impulsada tanto por el interés en la construcción de memoria como porque muchos jóvenes también han sido víctimas directas o indirectas del conflicto.
Según explicó, el perfil de quienes buscan ya no corresponde únicamente a madres o esposas, sino también a hijos, nietos, sobrinos e incluso amigos y vecinos que decidieron continuar una tarea que muchas familias no alcanzaron a culminar.
«Esta lucha viene siendo heredada en nuevos ejercicios de relevo generacional. Nadie quisiera recibir esa bandera, pero hoy nuevas generaciones han hecho suya la causa de la búsqueda», afirmó.
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Relevo
Ese relevo generacional lo representa Karen Dayana Suárez, de 18 años, oriunda de San José del Guaviare, quien se vinculó a Asoperbusca tras la desaparición de un tío. Lo que comenzó como una búsqueda familiar terminó convirtiéndose en un compromiso colectivo junto a otras mujeres buscadoras, con quienes hoy conforma una red de apoyo.
La joven cuenta que comprender la dimensión de las desapariciones transformó su forma de ver el conflicto, especialmente después de visitar un cementerio con cuerpos sin identificar, donde entendió que detrás de cada caso hay familias que aún esperan una respuesta.
«La mayoría de las personas buscadoras son abuelitas y su mayor preocupación es quién va a seguir buscando cuando ellas ya no estén. El relevo generacional se convierte en una esperanza para ellas, les da tranquilidad saber que alguien continuará esa búsqueda», expresó.
Aunque comparte esa responsabilidad, advierte que las familias de personas desaparecidas después de la firma del Acuerdo de Paz enfrentan obstáculos distintos. Explicó que, en esos casos, la búsqueda depende de la Fiscalía, institución que, según señala, concentra su labor en la investigación penal más que en las acciones de localización.
Una mirada complementaria aporta Kenny Paola Calle, estudiante de Comunicación Social e integrante del Festival Güejari, en Mesetas. Aunque no llegó al proceso por un caso familiar, decidió vincularse a la Escuela de Comunicación Popular y Búsqueda para apoyar la difusión del trabajo de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas y acercar esa información a las comunidades.
La joven cuenta que comprender la dimensión de las desapariciones transformó su forma de ver el conflicto, especialmente después de visitar un cementerio con cuerpos sin identificar, donde entendió que detrás de cada caso hay familias que aún esperan una respuesta.
«Uno entiende que encontrar a una persona no es tan fácil como parece. Ver tantos cuerpos sin identificar hace pensar cuántas familias siguen esperando. Ahí comprendí el dolor tan grande que ha dejado la guerra y la importancia de ayudar a que esas personas puedan regresar a casa», manifestó.
Finalmente, estos jóvenes coinciden en que, hoy son también los jóvenes quienes mantienen viva la memoria, acompañan a las familias y asumen el compromiso de continuar una labor que, como ellos mismos repiten, sólo terminará cuando la última persona desaparecida sea encontrada.
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