La guerra y la paz | Opinión
- Publicado en Sep 06, 2026
- Sección Columnistas
La guerra nunca ha sido una forma de alcanzar la paz, ha sido una manera de someter al otro y obligarlo a aceptar las condiciones de quien somete. Si la guerra trajera la paz habría
ganador, habría victoria, habría premio, pero no, ambas partes pierden vidas, pierden soberanía, pierden familias, no hay premio, hay botín.
La guerra, al igual que el fuego, trae más guerra, destrucción, devastación, dolor, tristeza, atraso, angustia, invasión, cambios de culturas e imposición de pensamientos.
La paz siempre debe alcanzarse en espacios de diálogos, no hay otra manera, pues la guerra diferente de un diálogo, es un negocio. En Colombia, las armas del adversario o grupos en conflicto son marca Indumil; granadas, fusiles y pistolas, entre otras. Con la guerra se trafica coca, marihuana, contrabando, y se trafican contrataciones, se abren rutas para la
comisión de variedad de delitos. Con la paz se trae progreso, desarrollo, adelanto en la ciencia, educación, trabajo e industria. La paz genera vida, buen ambiente, desarrollo en el
campo, alegría, tranquilidad en todo sentido.
Con más de 50 años de guerra, el Gobierno colombiano que más trató de instalar mesas de diálogos y suspensiones al fuego, fue el de Gustavo Petro. Ahorró vidas, trató de hacer la paz y luchar por espacios de diálogos para conseguirla. Buscar la paz jamás será fracasar, traer la guerra como política de paz, es el fracaso más grande del ser humano, pues la guerra genera una guerra nueva.
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De las batallas quedan enemigos, se crean nuevas sociedades muchas de ellas llenas de odios, con la guerra por dentro, donde se invade, donde se impone la política del invasor
pues no hay ganador, nacen sociedades con enfermedades psiquiátricas, ya que el invasor toma dentro del botín la mujer del vencido y muchas veces en ellas tiene hijos que a un
futuro instantáneo son hermanos de los hijos de los pillos.
En Colombia, el conflicto ha traído una especie de “mestizaje de la guerra”, las comunidades han tenido que convivir a la fuerza con sus asesinos, con quienes desaparecen, con quienes masacran. Todo este conflicto partió porque un ser humano, formado en la esperanza y la propuesta de llevar a un país a garantizar sus derechos, fue asesinado por los mismos clanes que hoy gobiernan; clanes que los conforman las mismas familias de hace 60 años, que van repartiéndose el negocio de mano en mano de periodo en periodo, hasta nuestros tiempos.
Ese futuro incierto no se soluciona con más guerra, se soluciona con diálogos y negociaciones políticas y sociales que permita que participe la sociedad en general, estos diálogos se deben desarrollar con urgencia inmediata antes de que nuestro país sea escriturado y con ello nuestras riquezas y el futuro de nuestras generaciones. La guerra jamás ha construido una sociedad para el desarrollo; jamás hay paz con la muerte, no hay justicia con la muerte, la paz se construye y es la sociedad quien la construye no se impone.
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