Nuestra tragedia ambiental

Imagen de archivo.
Nelson López, columnista

Si se transmitiera en directo por televisión la tala de una hectárea de bosque en La Macarena,
todo el mundo lloraría esta tragedia, decía Melco Fernández, un ambientalista que vivió y murió allí, en una de las reservas biológicas de la humanidad.

Él contaba que cuando la Tierra era solo agua, una de las pocas islas era La Macarena, la más privilegiada por estar en el trópico. Un arca de flora y fauna capaz de repoblar el mundo en caso de una hecatombe nuclear.

El mundo llorando la tragedia ambiental de la Amazonia brasileña parece una escena premonitoria de Melco, porque si bien aquí no hay incendios la tala avanza letal como el fuego.

En 2018, en Colombia se deforestaron 197.159 hectáreas, 10% menos que el año anterior,
según monitoreo del IDEAM. Pero el Meta fue el único departamento que mantuvo la tendencia deforestadora, al pasar de 36.748 a 44.712 hectáreas. Y de 25 municipios que concentran la deforestación del país, La Macarena lidera su aumento.

También reporta que municipios como Mapiripán, Uribe, Puerto Rico y Vista Hermosa
están en el top 15 de la deforestación nacional. En San José del Guaviare y Cumaribo la situación es igualmente crítica.

Para el IDEAM, las causas de la deforestación son la praderización, los cultivos de uso ilícito, la extracción ilícita de minerales, la ampliación de la frontera agrícola en áreas no permitidas y la tala ilegal Pareciera repetirse el viejo modelo de colonización.

No es competitivo un departamento donde se destruyen sus recursos naturales y biodiversidad única, teniendo 2.4 millones de tierras aptas para el agro. ¿Qué opinan y qué compromiso tienen los candidatos a la gobernación y alcaldías? La conservación de los recursos naturales debe ser eje transversal de los planes de desarrollo.

Mientras tanto, La Macarena que soportó la era de la glaciación y que es banco mundial de la biodiversidad, según sostenía Melco, hoy está en riesgo de quiebra ambiental.