Pastor responde a quienes cuestionan la influencia de las iglesias cristianas en la política | Entrevista
- Publicado en Jul 19, 2026
- Sección Entrevistas, Lo Mas Reciente
A las puertas de una marcha que espera reunir a más de 12.000 personas en la capital del Meta este 2 de agosto, el líder espiritual defiende el impacto de las 175 iglesias que representa en la restauración de familias y la rehabilitación de adicciones.
Luis Ervey Alape (L.A.) es presidente de la Asociación de Pastores de Villavicencio y lidera la Iglesia Carismática Felidelfia, en el barrio Villa Julia, uno de los sectores con más necesidades sociales de la ciudad.
Periódico del Meta (PDM) dialogó con él a propósito de las actividades que han desarrollado junto con la alcaldía de Villavicencio, la marcha que realizarán el 2 de agosto y la influencia de las iglesias cristianas que muchos creen y critican que tendrán sobre el Gobierno Nacional.
El pastor responde con firmeza a la estigmatización que sufren las congregaciones cristianas, explica su visión sobre la violencia del país y traza una línea clara entre la fe y la política nacional.
PDM: ¿Hace cuánto existe la asociación?
L.A.: Ya tenemos casi 30 años de estar en la ciudad de Villavicencio constituidos como asociación.
PDM: ¿Y cuántas iglesias reúnen?
L.A.: En este momento afiliadas hay cerca de 175, de las 350 existentes.
PDM: ¿Cuál es el objetivo de la asociación?
L.A.: La unidad pastoral y el fortalecimiento de la fe cristiana en la iglesia.
PDM: ¿Esa unidad pastoral en qué debe ser reflejada?
L.A.: Esa unidad se ve reflejada en la hermandad, en el apoyo mutuo, en la unidad espiritual, donde en el mismo sentir y en el mismo objetivo de adorar y de exaltar a Jesucristo.
PDM: En el Llano conviven la fe cristiana, creencias de brujería, chamanismo y cosmovisión indígena. ¿Cómo promueve la asociación de iglesias el diálogo y el respeto con estas otras expresiones espirituales, sin renunciar a la identidad cristiana?
L.A.: Bueno, en primer lugar, yo soy testigo directo porque yo lo he hecho en la práctica ministerial. No es fácil, pero considero que el Evangelio significa transformación, significa llevar una buena nueva, significa llevar una voz de esperanza. Y creo que si encontramos personas con necesidades, enfermas, y nosotros como iglesia podemos acercarnos a ellos con el amor de Cristo de una manera tangible, entonces es bien recibido.
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PDM: ¿Hay diálogos con ese tipo de prácticas, de ancestralidades, teniendo en cuenta que son tradiciones culturales de la región? ¿La asociación promueve ese tipo de diálogos?
L.A.: No, yo creo que la libertad religiosa defiende el derecho a respetar, y nosotros respetamos, pero como iglesia nosotros mantenemos con firmeza nuestra fe, nuestra fe en Jesucristo, pero, además de eso, también reconocemos el diálogo y la convivencia pacífica con las demás personas.
PDM: ¿Qué desafíos tiene la Iglesia cristiana en una región como el Meta?
L.A: Yo creo que uno de los grandes desafíos es la estigmatización, y el segundo desafío es dar a conocer el trabajo social y espiritual de la iglesia cristiana en la ciudad y el departamento, porque la gente piensa que nosotros solo nos ceñimos a un culto los domingos, pero no ven el trabajo tanto social y espiritual con nuestra comunidad, como por ejemplo ayudar a parejas, asistencia social con personas que están en vulnerabilidad, también trabajamos en el área de ayudar a las personas con problemas de adicciones de sustancias psicoactivas. Entonces, la iglesia no solo lleva un mensaje de esperanza, sino también es una mano extendida para el necesitado.
PDM: Llama la atención que como desafío mencione la estigmatización. ¿Hay estigmatización sobre el cristianismo?
L.A.: Sí, claro. Hay un imaginario colectivo según el cual las iglesias cristianas solo somos grupos religiosos que robamos a la gente; que pedimos los diezmos y que engañamos a las personas; pero de verdad ese es un sofisma porque cuando una persona viene a la iglesia enferma y sale sana por el poder de Jesucristo; cuando una persona viene con su hogar destruido y nosotros a través de la Palabra, la asesoría y el consejo, le ayudamos a recuperar su hogar, eso no tiene valor; eso la gente no lo conoce y por eso lo estigmatiza, plorque solo piensan en el dinero.
PDM: ¿Todavía hay gente que se burla de los cristianos?
L.A.: Pero claro que sí, se burla de nosotros y nos hace críticas malintencionadas. Una señora, por ejemplo, al padre de ella, un gran médico, lo evangelizamos y él muy contento de haber conocido a Jesus, la llevó un día a la iglesia que yo pastoreo. La señora se paró en la puerta del templo y le dijo al papá, “papá, ¿a esta pocilga usted me trae? ¿con esta manada de locos?”
PDM: ¿Qué hacen ustedes?
L.A.: Sufrimos el agravio, los perdonamos y los amamos porque eso es lo que Dios dice que debemos hacer.
PDM: Con el nombramiento de una ministra de Educación cristiana y la cercanía del gobierno con sectores evangélicos y católicos, ¿cómo evitar que se confunda el rol de la iglesia con el del Estado?
L.A.: Yo creo que la iglesia lo tiene muy en claro: número uno, el Estado maneja su proceso de administración y pone personas muy capaces y que tienen claro que la dirección del país no se dirige simplemente con cuestiones espirituales. Segundo, pienso que la iglesia no se politiza. La iglesia no va a traspasar esos linderos pero queremos ser un brazo extendido para ayudar a nuestro gobierno a hacer la obra social y hacer el tejido social que tanto necesita este país.
PDM: Sin embargo, dentro de las iglesias cristianas se promulgó el mensaje que el país estaba amenazado, tal vez por las blasfemias del presidente Gustavo Petro…
L.A.: Del doctor Gustavo Petro consideramos que fue nuestro presidente, lo aceptamos como nuestro mandatario y oramos por él, como vamos a orar por el próximo presidente. Nuestro deber es servir. Nuestro deber es orar. Nuestro deber es decirle a Colombia que la esperanza y la respuesta a sus necesidades ningún hombre la puede satisfacer. Sólo Dios. Sólo el poder de Jesucristo.
PDM: ¿A qué cree usted que se debe tanta violencia en Colombia?
L.A.: Se debe a la ausencia de la presencia de Dios en cada persona. Se debe a la ausencia del temor de Dios. Se debe al alejamiento que han tenido nuestros compatriotas de Dios, de la fe. Cuando el hombre se aparta de Dios, entonces el hombre termina sumido en la violencia, en la desgracia, en la deshonestidad, en la inmoralidad y hundido cada día más en su pecado.
PDM: ¿Cómo reparar esa parte espiritual en un país en donde se burlan las iglesias cristianas; en donde se prefiere claramente ir a una discoteca que a una iglesia?
L.A.: Yo creo que la iglesia ha venido desarrollando un trabajo y lo seguirá llevando a cabo. Y es el trabajo de seguir compartiendo el mensaje de salvación. Seguir insistiendo a las personas de que hay otra alternativa. De buscar la felicidad y de buscar la plenitud. Y ese camino se llama Jesucristo.
PDM: Más allá del debate político, ¿en qué temas concretos de Villavicencio cree que las iglesias pueden aportar hoy: juventud, paz, salud mental, familia? ¿Cuál sería su propuesta para trabajar con el gobierno local sin perder autonomía?
L.A.: La iglesia en Villavicencio y en todo Colombia y en el mundo hace aportes significativos. En el aspecto con la juventud, con talleres y con enseñanzas sobre buena convivencia. Sobre no a la violencia con los jóvenes.
También trabajamos desde el punto de psicología. Yo soy psicólogo. Desde el punto psicológico también hacemos teoterapia con los jóvenes que han caído en las drogas.
¿En qué otra área? Nosotros también, no solo con los jóvenes, también con las familias. Porque somos, a través de la palabra, la iglesia trae formación, trae principios, trae la enseñanza que lleva a las parejas a aceptarse mutuamente, a perdonarse. Porque esto es importante, el tema del perdón.
PDM: ¿Qué objetivo tiene la marcha del 2 de agosto?
L.A.: Tiene tres objetivos principales: uno, declarar que Jesucristo es el Señor de Colombia; dos, orar e interceder por la paz de Colombia. Y número tres, orar por la familia de Colombia y bendecir nuestra patria.
PDM: ¿Cuántas personas aspiran ustedes a que vayan a la marcha?
L.A.: Consideramos unas 12.000, 13.000 personas, confiando en Dios.
PDM: ¿Termina con un acto cultural? ¿Dónde termina y qué va a hacer?
L.A.: Vamos a terminar en la Plaza de los Libertadores, en el Parque Central frente a la Gobernación, con un tiempo de alabanza y un tiempo de oración.
PDM:¿Por qué la desarrollan?
L.A.: Precisamente pensamos en un evento que fuera de impacto para Colombia, debido a toda esta problemática social de violencia que hay en nuestro país. Debido a toda esta problemática de inmoralidad que hay en nuestro país. Entonces queremos ser esa voz, queremos ser esa luz para aquellos que están en esos túneles de oscuridad, del pecado, de inmoralidad, de violencia, de guerra, de miseria aún. Cuando les presentamos al Evangelio, su vida es diferente.
PDM: De hecho, la Biblia enseña que cuando los pueblos se alejan de Dios es cuando vienen los verdaderos castigos…
L.A.: Por supuesto que sí. La Biblia señala que la mayoría de juicios de Dios, como Sodoma, como el diluvio, fueron precisamente por la multitud de pecados. Muchos no lo creen, pero eso es real.
PDM: ¿Qué importancia tienen eventos como los conversatorios de libertad religiosa que se desarrollan en Villavicencio?
L.A.: De mucha relevancia, porque eso nos va a ayudar a que la Iglesia no solo sea visibilizada, sino que también la Iglesia sea reconocida como un ente de ayuda, de esperanza. La Iglesia se convierte en una comunidad que presta un servicio de amor voluntario, porque eso es lo que nosotros hacemos, dependiendo de la enseñanza que Jesús nos dio. Su amor y su misericordia por el desamparado y por aquel que quiera venir a él.
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