Agroempresarias del Ariari apuestan por el plátano

Plátano

En la Vereda Malabar del municipio de El Castillo, un grupo de mujeres emprendedoras se unen para formar una asociación con el propósito de procesar y transformar el plátano en un producto innovador.

En el departamento del Meta, existe vocación agrícola dedicada al cultivo del plátano, razón por la cual, grandes extensiones de tierras sembradas hacen parte del paisaje, la cultura y tradición llanera.

Plátano

El plátano que se produce en el Meta, es reconocido como un fruto tropical que hace parte fundamental de la gastronomía colombiana y es por esto que su producción provee a la mayoría de plazas, llegando hasta territorios internacionales.

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En los años 2015 al 2017, pequeños finqueros de las veredas Malaber, Santa Cruz y Carmen Uno, del municipio de El Castillo, veían como su cosecha se perdía por los bajos precios del producto en el mercado y por la importación de plátano preveniente de Ecuador.

Preocupada por la situación que corría ella y otros pequeños productores de El Castillo, Enith buscaba una pronta solución “Me paraba en el lote, que es de una hectárea en la finca de mi mamá, y veía como el plátano se iba pudriendo y me preguntaba qué podíamos hacer.”

Plátano

Con la preocupación de salir adelante, esta mujer en compañía de otros campesinos de la zona, crearon Asocamprocas (Asociación de campesinos productores del Castillo), con el fin de desarrollar estrategias para buscar la comercialización de la cosecha.

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Tuvieron la oportunidad de identificar las ventajas que tenían en el mercado y el valor agregado a sus productos, “Nos decían: bueno, ustedes están perdiendo porque quieren, si ustedes transformaran todo ese plátano que producen, así sea de manera individual y elaboraran unos productos, obtendrían mejores ingresos y no se les pierde la producción”, comenta Enith.

En el predio de su señora madre, se organizaron y armaron un fogón para iniciar la transformación de la materia prima, “Iniciamos en un fogón de leña y una mesa de madera, cada uno de los integrantes de la asociación fue trayendo elementos de su casa, traían calderos, estufa, canastilla, diferentes herramientas básicas que nos permitiera ir creciendo”, dijo Enith.

La política rural potencializa a los
pequeños productores.

Ya con la necesidad de mejorar el lugar de trabajo, en el año 2018 tomaron en arriendo un local en el poblado para instalar allí la planta de producción y distribución de sus productos a base de plátano y yuca. Esta decisión los llevó a realizar rifas con el fin de recoger dinero
para adecuar el salón. Una vez formalizados y con un lugar fijo, en el 2019 desdarrollaron un proyecto por medio de la universidad de los Andes y una alianza con Ecopetrol.

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La idea de ese proyecto, era potencializar lo que ya tenían y arrancaba desde las buenas prácticas en campo (cultivo) hasta la comercialización. Hasta el año pasado terminaron
capacitaciones. A hoy, ya tienen una planta que cumple con un 80% de la normativa sanitaria.

Con el apoyo de otras entidades como la Gobernación del Meta, Alcaldía de El Castillo, el
Sena, universidades como la Unillanos y El Rosario, decidieron iniciar un trabajo de capacitaciones en diferentes temas como buenas prácticas agrícolas, producción y
sistemas de cosecha.

Cursando una capacitación en transformación de alimentos, tenían que pensarse en un producto innovador, algo que los identificara por ser diferentes. En esa búsqueda, Enith se le ocurrió hacer rosquitas de plátano y así es como nace el producto estrella de la empresa: Aritos de oro.

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“Aritos de oro, busca resaltar la región del Ariari. Son rosquitas horneadas y elaboradas de forma artesanal y sin aditivos químicos. La mitad de los asociados poseemos cultivos, lo que hace que la producción sea sostenible. Además, le apostamos a un empaque que fuera biodegradable y amigo con el medio ambiente”.

En la actualidad tienen capacidad de procesar 200 paquetes diarios, sin embargo, entre sus metas está conseguir los dineros para adquirir equipos que les permitirá producir dos mil quinientos paquetes.

El Castillo – Meta

Sumado a esto, están buscando los recursos para poder pagar la certificación del Invima, y que asciende a la suma tres millones ochocientos mil pesos. Debido a la pandemia, les tocó
parar la manufactura durante dos meses, aprovechando ese tiempo para sacar plátano y provisionarse de materias primas, “nosotros nos identificamos por ser muy persistentes, por estar en la lucha constante”, enfatiza Enith.

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Están articulados con la alcaldía municipal y el gobierno departamental, en la construcción
de un centro agroindustrial para el municipio, donde las asociaciones que procesan van a tener ese lugar donde trabajar y contar con mejores oportunidades.

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