jueves, 30 de mayo de 2024
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Ruta Vorágine | Opinión


Ruta Vorágine | Opinión 1
Foto tomada de: Panamericana
Nelson Augusto López

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Avanza el proyecto la ruta de La Vorágine de José Eustasio Rivera, obra que cumplirá cien años de haberse escrito, en abril de 2024. Todos los caminos conducen a Orocué en esta celebración.

Un homenaje a Tachito, nombre familiar del escritor, que se enamoró de niño de la naturaleza. Cuando conoció el llano en 1916, fue amor a primera vista: “Vasto, colosal, infinito”, exclamó en Buenavista. Viajó por la ruta Chipaque-Cáqueza, la misma que seguiría Arturo Cova y Alicia en La Vorágine.

A sus 40 años, Rivera muere el primero de diciembre de 1928 en Nueva York. Su cuerpo es repatriado. El 7 de enero de 1929 llega a la Estación de la Sabana. Miles de bogotanos acompañan el recorrido  fúnebre desde la Plaza de Bolívar hasta el Cementerio Central. Aquí debería empezar la ruta literaria del Cantor del Trópico.

Allí podrían recordarse aquellos versos suyos de cierta desesperanza: “Me borrará la noche. Mañana otro celaje; y ¿quién, cuando yo muera, consolará el paisaje? ¿Por qué todas las tardes me duele esta emoción? Para retomar luego su ruta en vida al llano.

En 1918 viaja a Orocué, como abogado para atender el pleito de una herencia. Conoce en vivo y en directo el llano, la selva y sus conflictos. Aquí se siente libre, vital, noble y recio, que también sabía “montá, enlazá y toriá”, como Arturo Cova.

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En abril de 1922, empieza a delinear y escribir La Vorágine en Orocué, bajo la sombra de un caracaro y en la oficina que le facilitaba Teodoro Amézquita. Concluye la obra en 1924 y sale al público en noviembre de este mismo año.

Rivera intenta abrir su obra al mundo, traducirla al inglés y llevarla al cine, para ello proyectó vender en Hollywood los derechos. No lo lograría, faltó tiempo. Pero hoy es obra clásica de Colombia y Latinoamérica.

Hubiera sido cine real, lo evidencian tres fotos que están en la obra. “En una de ellas aparece el propio Rivera en algún lugar de las afueras de Orocué y la leyenda desconcertante: Arturo Cova en las barracas de Guaracú, fue la constancia de que aquella ficción era realidad”.


Nelson Augusto López

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