Se acabó el sueño || Editorial

El Hospital Departamental de Villavicencio

Más allá de que sea algo fortuito, el incendio que acabó con el área de urgencias del Hospital Departamental de Villavicencio (HDV) es el más reciente eslabón de una cadena de desgracias que han acompañado al centro asistencial, pero elaborada por malas administraciones, corrupción y politiquería.

Tal vez a las actuales directivas del principal centro médico de la Orinoquia, que atiende a ocho departamentos de la región, solo les correspondió coger la ‘papá caliente’, además, en un momento de pandemia, sin embargo, es bueno mirar en retrospectiva para comprender que con una mayor planeación, no estaríamos abocados a una crisis tan severa por el cierre del HDV.

Empecemos por lo más reciente: aunque en agosto pasado se anunció la construcción de un nuevo hospital y en el imaginario colectivo de los metenses aún teníamos la esperanza de que así fuera, esta semana el viceministro de Salud fue claro en descartar esta pretensión, cambiándola de tajo por “agilizar los trámites” del proyecto para construir el nuevo módulo del actual hospital.

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La edificación, que estaría ubicada donde hoy quedan las instalaciones de Migración Colombia (antes antiguo DAS), reemplazará el sueño de tener un moderno centro asistencial prometido por el exgobernador, Darío Vásquez, por allá en el 2011 y donde se comprometieron $40.000 millones para la primera fase, más la polémica compra del lote por $1.300 millones.

Una década después no tenemos nuevo hospital, el predio donde se construiría está embolatado y ni hablar de los recursos.

Porque si de aprovecharse de los recursos de la salud se trata, no se puede dejar de hablar del otro eslabón en la tragedia del HDV como fue el desgreño administrativo que vivió entre 2013 y 2015. Fue necesario que la Superintendencia de Salud interviniera desde octubre de 2015 y hasta enero de 2020 el centro asistencial, para recuperarlo de las manos del desorden en el que se encontraba.

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Dicha intervención alejó a los politiqueros y sirvió para reabrir siete servicios: urología, nefrología, nefrología pediátrica, cirugía de mano, cirugía dermatológica, cirugía oncológica y cirugía dermatológica.

La última vez que se había aprovechado una tragedia en lo que hoy es el Hospital Departamental de Villavicencio fue en el terremoto de 1917, cuando a raíz del movimiento telúrico se pusieron tejas de zinc a lo que entonces se llamaba Hospital de Monfort, reemplazando el forraje del techo. Esperamos que este incendio sea una oportunidad para allanar nuevos caminos para el Hospital y que los llaneros podamos disfrutar de los servicios de este centenario centro médico.

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