El mensaje | Opinión

El mensaje de Dios debe ser escuchado en tiempos difíciles.

 

Pastor Elías Hoyos

Por Elías Hoyos. Pastor Cristiano

Cuando Dios dice algo, es importante prestar atención. La Biblia es la palabra del Señor en la cual Él revela su voluntad para cada uno de nosotros; pero lastimosamente es a lo que menos prestamos atención porque preferimos escuchar el consejo de aquellos que vemos.

Dejamos a un lado la promesa y el consejo que Dios nos ha regalado. Hoy me urge darte un mensaje que quizás no quieres leer pero que es necesario: Dios te manda a decir que su venida está pronta.

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Estamos experimentando las señales que Jesús expresó en el libro de Mateo cuando sus discípulos le preguntaron cuándo será el fin; Cristo les habló de terremotos, hambrunas, crisis económicas y políticas, enfermedades que vendrían sobre la tierra. Sin embargo, al hablarles de estas señales, les dijo que no era el fin sino el principio de dolores.

Hoy podemos ser testigos de todo lo que pasa en el mundo, pero es triste darnos cuenta de que entre más crisis hay, más se endurece el corazón de la humanidad, en cambio de acercarse a Dios, toma la actitud de alejarse; en vez de considerar que hay un Dios, pedir perdón por los pecados y acercarnos a Él, termina el hombre negando la existencia del Señor.

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Este mensaje debería resonar en las emisoras, en la televisión, en las redes y en todos los medios, pero prefieren ocuparse con mensajes que no son ni siquiera cristocéntricos, sino más dados a la emotividad, orientados a la filosofía, al crecimiento humanista, mensajes desviados, adulterados, orientados hacia el amor al dinero, al querer vivir bien, pero no por la transformación que da el Señor.

La palabra se ha corrompido y muchos han caído en escuchar mensajes facilistas, simplemente están sembrando en el corazón de la humanidad una motivación errada, equivocada. El dinero se ha convertido en un señor y le hemos dado el lugar que Dios debería ocupar, con iglesias dormidas que también tergiversan lo que enseña La Biblia.

Necesitamos volver a la verdad, estar preparados para el principio de dolores. Necesitamos un verdadero arrepentimiento en Cristo.  El que tenga oídos para oír que oiga.