Wilson Adame, el veterano que conquistó las montañas

Wilson Adame es uno de los expertos paracaidistas que tiene el Meta.

Wilson Adame es el más veterano de los parapentistas en el Meta. Ha hecho más de 10.000 vuelos y no piensa dejar de hacerlo.

Por Catalina Gallego / Especial Periódico del Meta

Desde hace más de 25 años, Wilson Adame llegó a la capital del Meta al ser trasladado por su trabajo. Este paracaidista, oriundo de Duitama (Boyacá), encontró su pasión durante unas vacaciones en Medellín. La adrenalina y libertad de este deporte aéreo lo conquistaron hasta el punto de persistir y aprender por lo que hoy es su pasatiempo favorito.

En el plazo de diez días logró conocer las técnicas básicas y necesarias para direccionar un equipo de paracaidismo y hasta el día de hoy, lleva más de 10.000 vuelos. Aprendió en Bogotá con su profesor Darío Arévalo, papá de César, número tres en el mundo en la modalidad de acrobacias.

Desde entonces, Wilson organiza su tiempo para trabajar como abogado, su profesión, y para volar por los cielos de Villavicencio. En sus días libres dedica tiempo para practicar y gozar de este deporte: “lo que más me gusta de volar es la sensación de libertad absoluta, uno entra en otra dimensión una vez que se desprende del piso”, manifiesta Adame.

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El único ‘voladero’ como lo llama él, que le falta por conocer, es uno en Pasto (Nariño); es decir, ha volado por todos los cielos colombianos y ha estado en países como Chile, Ecuador y Perú; en la capital de este último, vivió uno de los vuelos que jamás olvidará, pues voló siete kilómetros encima del mar.

Anécdotas como estar por 15 minutos escoltado por un águila en Bucaramanga, lo describe, como algo “único y mundial”. En Roldanillo (Valle del Cauca), logró su récord de 90 kilómetros en la modalidad de distancia y el de duración personal en Medellín, fue de casi cinco horas.

“Competí en Roldanillo, en nacionales de Cross Country, el cual consiste en recorrer largas distancias y llegar hasta la zona establecida en la competencia. En Bogotá participé pocas veces en la modalidad de precisión, en este uno sale desde una montaña y aterriza en un punto determinado, en una diana, el que llega al centro de la diana tiene cero puntos, entre menos puntos mejor”, asegura.

Después de aproximadamente 10 años, este deportista y abogado participará en dos competencias nacionales y un Panamericano, entre septiembre y octubre de 2022. Uno de sus grandes sueños es participar en la famosa Copa Ícaro, el evento de deportes aéreos más grande del mundo que se celebra anualmente en Francia.

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Este festival consiste en un concurso de disfraces, tanto de los paracaídas como de los atletas. “Las expectativas que tengo para en uno o dos años es ir a volar a Francia a representar a Colombia y divertirme como lo hice recientemente en Piedechinche (Valle del Cauca), quedamos en el podio disfrazados de Batman”

Los equipos constan de la vela, el suspentaje, un arnés o silla, el paracaídas de emergencia, un casco y un radio para comunicarse con otros paracaidistas e informar el despegue y aterrizaje. Actualmente, Adame tiene tres equipos, dos de ellos son para una sola persona y el tercero, para volar con acompañante.

A la hora de emprender vuelo, recuerda ser precavido con la posición de los equipos y ubicarlos según la dirección del viento, el cual analiza según la mangaveleta o el cataviento, el que además de indicar la dirección, muestra la intensidad del viento, aunque la técnica que no le falla a este paracaidista, es dejar caer pequeñas hojas secas y estar atento qué sentido coge.

El parapente tiene que salir contra el viento para que se infle, se llene de presión y salga a volar, no sin antes explicar detenidamente los pasos que se deben seguir para tener un correcto y seguro despegue.

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Wilson es reconocido en Villavicencio y otras ciudades del país por su talento, carisma y profesionalismo para volar. “Lo que más me llena de orgullo y felicidad es transmitir y compartir esos momentos de alegría, y ver como mucha gente hace algo que jamás pensó ser capaz de hacer”. 

Este deportista destacado en su área, recuerda cada vuelo como algo especial, escuchar a sus acompañantes cantar, llorar de felicidad, volar con niños desde tres años hasta abuelitos de 90 años y cumplir sueños de muchos es un motivo para continuar en este deporte aéreo por un par de años más.

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