El último hijo de Eduardo Carranza quiere que el poeta regrese al Llano

Juan, hijo del poeta Eduardo Carranza, quiere que los restos de su padre estén en el Llano.

Juan Carranza, hijo del poeta llanero nacido en Apiay, dice que Villavicencio debería quedarse con los restos de su padre pues él siempre añoró volver. 

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Como su padre, Juan fue columnista del periódico El Tiempo durante dos años, sin embargo, Eduardo Carranza lo fue por cuatro décadas continuas, además de director del suplemento literario de aquella época, uno de los cargos culturales más importantes en las letras.

Juan, el menor de los hijos del poeta llanero nacido en la vereda Apiay, vive hoy, a sus 76 años, en Santa Marta, disfrutando de una soledad que solo acompañan libros, la música y los innumerables recuerdos que tiene de su papá.

“Mi papá daba clases en la Universidad del Rosario. Ahí, un joven tolimense una vez se le acercó y le dijo: profe, escribí estos poemas, hágame el favor los lee y me los comenta a ver qué le parecen. A los 15 días, mi padre le entregó el suplemento literario con los poemas de aquel muchacho publicados, con una frase: joven Mutis, quédese en la poesía, pero trabaje”.

Y sigue: años después, Álvaro Mutis es entrevistado y recuerda aquella anécdota en la Universidad del Rosario sentenciando que “todo lo que soy en poesía, se lo debo a Eduardo Carranza”.

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Nadie discute que el poeta, a quien el pasado 23 de julio la Casa de Cultura Jorge Eliécer Gaitán le conmemoró 109 años de su natalicio, es uno de los más destacados literatos del país, quien tuvo permanente inspiración en los paisajes llaneros y se codeó con otros grandes como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Salvador Dalí.

“Recuerdo a mi padre que vivía poéticamente. Todo lo volvía poesía. Esa visión del mundo se la trasladó a mi hermana María Mercedes, y solo años después de su fallecimiento es que se recupera su obra, gracias a Melibea, mi sobrina”, explicó Juan Carranza.

Él mismo también tiene cuentos cortos que no ha publicado, pero lo obsesiona terminar una novela en donde el principal personaje es una carretera. Alguna vez su padre le dijo: “me moriré y no conoceré esa carretera”, haciendo referencia a la vía al Llano por allá en los años setenta.

Juan Carranza viendo la icónica fotografía de su padre, Eduardo.

“Por aquella época toda la sociedad quería tener en sus actos al poeta Eduardo Carranza, homenajearlo, pero él me decía que le tenía pavor a esa carretera. Mi papá tenía los recuerdos de los que llevaban ganado por el camino real y nunca vio la carretera construida, pese a que siempre quiso regresar al Meta para como él anhelaba, morir al lado del río Humadea”, dice su hijo.

Algunos analistas manifiestan que Eduardo Carranza fue ‘condenado’ en Colombia por su militancia conservadora, por lo que no se dimensionó en totalidad la obra, sin embargo, leer su poesía es acercarse al Llano y la añoranza de regresar:

“Te llamarás silencio en adelante.

Y el sitio que ocupabas en el aire

se llamará melancolía”.

O cuando recordó la salida del Llano, recorrer la montaña y llegar a la ciudad:

Y soñé que el tejado se llenaba

de ángeles músicos.

Y soñé que subía por la Montaña

de la Maravilla.

Y soñé que llegaba a una ciudad dormida

entre hermosas palabras de amor.

 

La soledad del hijo

“Mi hermano Ramiro fue secuestrado y asesinado por las Farc, María Mercedes, mortificada por la vida se suicidó. Yo vivía en Bogotá y al quedarme sin ellos decidí salir de esa ciudad que no me gustaba y vivir en Santa Marta. A mí la soledad no me pesa…me gusta”, sostiene el sobreviviente directo del poeta, elegido como uno de los más influyentes del Siglo XX.

La esposa de Juan murió en el 2004 y sus dos hijos ya hicieron sus carreras profesionales aparte, así que se dedicó a él mismo y ayudar a preservar la obra de su padre.

Hace una semana, para la celebración del natalicio del poeta, donó al Museo Eduardo Carranza de Villavicencio, una serie de elementos valiosos para la colección.

“Yo traje al Museo un retrato de mi padre pintado por Carlos Dupuy, exdecano de la Universidad de los Andes; con ese retrato se lanzó una estampilla y luego un sobre conmemorativo firmado por el expresidente Belisario Betancourt y Noemí Sanín y por último, el libro ‘El oído de Eduardo Carranza’, que son copias fotostáticas de los manuscritos de mi padre”, apuntó Juan Carranza.

Sin embargo, el hijo menor del poeta desea que el Meta y Villavicencio traigan los restos del cementerio de Sopó (Cundinamarca), donde reposa su padre, pero donde las condiciones de la tumba no son las mejores.

Sin embargo las posibilidades son difíciles porque el concejo de ese municipio catalogó la tumba de Eduardo Carranza patrimonio de Sopó.

“El cementerio quedó convertido en un parque de viciosos, donde la única tumba es la de Eduardo Carranza y temo que haya algún vandalismo sobre la tumba”, dice Juan.

DATO VITAL

Januario Eduardo Carranza Fernández nació el 23 de julio de 1913, en la hacienda La Esperanza, ubicada en la vereda de Apiay de Villavicencio. Fue periodista, catedrático, poeta, diplomático, profesor y agregado cultural, con más de 20 obras literarias.