miércoles, 24 de abril de 2024
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Capitalismo ambientalista | Opinión


Capitalismo ambientalista | Opinión 1
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Redacción PDM

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Capitalismo ambientalista | Opinión 2

Por Andrés Hoyos / Escritor

Hasta ahora, el capitalismo y el medio ambiente han sido casi antónimos. Han caminado en direcciones opuestas. ¿Pueden volverse sinónimos, o sea, limpiar la atmósfera del planeta puede ser además un negocio lucrativo? Por supuesto que sí, aunque los inciertos ritmos a los que se llegue a eso sean la variable clave. Claro que son muchos los negocios que siguen dañando el ambiente, todavía la gran mayoría. La única forma de inclinar la balanza hacia el lado opuesto es con legislación bien pensada y con el Estado forzando la mano a los inversionistas, sí o sí.

Los grandes molinos de viento, mejor sobre tierra que mar adentro, tienen una rentabilidad espectacular y están en capacidad de generar cientos de gigavatios, o sea, cantidades colosales de electricidad. Un parque eólico usa poca tierra y se puede implementar en poco tiempo, casi sin requerir materias primas complicadas.

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Otro negocio de rentabilidad creciente, pero también muy dependiente de dónde se instala, son las granjas solares. Como generan electricidad, es fundamental lo que se hace con ella después. Una práctica creciente es usarla para producir hidrógeno, uno de los combustibles más limpios que existen, sometiendo el agua salada a hidrólisis. 

Más cerca de Colombia, es del todo viable que el Estado les pague a muchos miles de campesinos pobres de escasa educación para que siembren millones de árboles, según lineamientos bien definidos. Se puede recurrir a la reforestación clásica o plantar maderas para cosecha futura. Ojo, si la madera cosechada no se quema, el carbono atrapado en su celulosa no se convierte en CO2. 

Otra tecnología de la que en esta columna se ha hablado mucho es la ganadería silvopastoril, ideal para las tierras bajas de los trópicos, en buen estado o degradadas. Uno no entiende por qué en un país como Colombia el Estado no se fija metas de ganadería silvopastoril en millones de hectáreas. A razón de cuatro o cinco animales por hectárea, algo claramente posible, la totalidad del hato nacional cabría en seis millones de hectáreas.

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