Con cámaras ocultas monitorean especies en la Orinoquía

Imagen capturada con una cámara trampa

En total 228 especies de fauna, de las cuales 171 corresponden a aves, 52 a mamíferos y 5 a reptiles, quedaron registradas en la red de 600 cámaras trampa ubicadas por el Instituto Humboldt y Ecopetrol en la Orinoquía y el Magdalena Medio, con el objetivo de avanzar en el estudio de la distribución de especies en estos ecosistemas estratégicos.

En la Orinoquía adelantaron el monitoreo en el área del Piedemonte Meta, en la región del río Tillavá, en Puerto Gaitán y en el Piedemonte de Casanare.

En el Piedemonte Meta, las cámaras trampa registraron al oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla), que puede alcanzar más de 2 metros de largo de hocico a cola; el cusumbo (Nasua nasua), especie críptica y uno de los mapaches menos conocidos en Colombia y América; y el mono ardilla (Saimiri sciureus), un importante dispersor de semillas, una función vital para la regeneración y conservación del ecosistema.

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En la región del Río Tillavá se registraron tres especies con amenaza vulnerable de extinción: el oso palmero (Myrmecophaga tridactyla), la danta (Tapirus terrestris) y el ocarro (Priodontes maximus), también reconocida como especie “Ingeniera”, la cual tiene un estratégico rol ecológico pues contribuye al control biológico de insectos, además de la aireación del suelo a través del intercambio gaseoso generado por la construcción de madrigueras.

En el Piedemonte de Casanare fueron registradas 33 especies de mamíferos, 8 de las cuales no estaban registradas en la literatura científica de la zona y por ello contribuyen al conocimiento en biodiversidad.

Estas especies son: marmosa de Robinson (Marmosa robinsoni); puercoespín arborícora (Coendou prehensilis); mono maicero (Sapajus apella); zarigüeya lanuda (Caluromys lanatus); dos roedores: la rata endémica (Proechimys oconnelli) y la rata (Proechimys canicollis); nutria o lobito de río (Lontra longicaudis); y el zorro gris o plateado (Urocyon cinereoargenteus).

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La iniciativa es de vital importancia, pues la información recolectada hace posible aumentar el conocimiento de las especies que habitan en la zona. Para el caso del río Tillavá, en Puerto Gaitán, el aumento superó el 90%, mientras que, para el área del Magdalena Medio, con el fototrampeo el conocimiento aumentó en más del 50%.

Las cámaras se instalan en lugares estratégicos de tránsito de animales y se activan automáticamente permitiendo tomar fotografías o videos que se convierten en los insumos que los investigadores utilizan para estudiar la fauna terrestre local.

La herramienta es ideal para obtener datos de forma automática, sin tener que interferir con la fauna y, en algunos casos, es posible identificar a los animales individualmente pues al cotejar varias fotografías se pueden encontrar características específicas de cada individuo como manchas y cicatrices.

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“En este caso se lograron obtener datos a escala local, permitiéndonos conocer con mayor exactitud qué está ocurriendo con la distribución de las especies para de esta manera desarrollar biomodelos que alimentarán análisis de conectividad y de costo- efectividad, es decir, usar esta información para la toma de decisiones para la conservación, relacionadas con compensaciones, inversión voluntaria e inversión de al menos 1%”, indicó Angélica Díaz Pulido, investigadora del Programa Evaluación y Monitoreo de la Biodiversidad del Instituto Humboldt.

“La información recolectada con estas cámaras nos da la posibilidad de conocer más sobre la biodiversidad de las regiones en las que tenemos operación, lo que nos permitirá concentrar nuestros esfuerzos de conservación en las acciones que generen mayor impacto positivo en nuestra flora y fauna”, afirmó Santiago Martínez, gerente de Sostenibilidad y Descarbonización de Ecopetrol.

La investigadora Díaz Pulido concluye que “para el estudio de los mamíferos terrestres, las cámaras trampa son tal vez una de las herramientas más efectivas para llevar a cabo su monitoreo, permitiendo a través de los registros confirmar la presencia o no de ciertas especies en los ecosistemas: “Resulta una herramienta muy útil, por ejemplo, para comprobar lo que los modelos de distribución predicen, así como la posibilidad de incorporar nuevos registros que no estaban incluidos o comportamientos no descritos”.

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