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Cuando el cine se hace con amigos


Cuando el cine se hace con amigos 1
Jonnatan Pérez, Juan Pablo Castro, Armando Carrillo y Juanela Villalobos y Humberto Huertas, hacen parte del equipo de producción.
RP
Redacción PDM
  • Publicado en Mar 27, 2022
  • Sección Región

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Llano Fue, la primera película realizada ciento por ciento por talento criollo, y que se presenta en un festival internacional de cine, es el resultado de la perseverancia de un grupo de productores. Esta es la historia, contada por uno de sus protagonistas. 

Por Jonnathan Stevens Pérez Arango, Camarógrafo / Especial para Periódico del Meta.

Apenas 20 días después de que Elkin Coronell falleciera, nos enteramos de que nuestra película había sido seleccionada para el Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI). Fueron sentimientos encontrados: por un lado, la alegría de saber que 10 años de tristezas y sacrificios habían dado el fruto esperado, pero por el otro la ausencia y la nostalgia de la partida de Elkin, el director, quien nos alentó a todos a seguir adelante con un proyecto casi imposible de realizar.

Yo siempre esperaba que Elkin fuera el que me diera la noticia porque era de los que le decía a uno: “tranquilo, no le puedo decir nada, pero las cosas van bien”, sin embargo, esa vez había sido Armando Carrillo, guionista, quien a la una de la mañana nos empezó a llamar a todos para darnos la noticia.

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En medio de miles de películas de todo el mundo que llegaron al evento, apenas fueron seleccionadas 170 y entre ellas Llano Fue, la historia de la cultura de la sabana que se pierde a pedazos, cada vez que uno de sus protagonistas muere.

Cuando el cine se hace con amigos 2 Paradójicamente, un velorio fue lo que le dio vida a este largometraje. Cuando avanzábamos muy poco y todo pintaba para hacer un cortometraje, como se había concebido desde el principio, Elkin recibió la noticia de que se realizaría en Arauca, en el Hato El Indio, un Velorio de Santos. 

Esta antigua ceremonia con cantos y música llanera, muy común hace muchos años cada vez que alguien moría, ahora casi no se practica y esa sería tal vez la última en realizarse. De hecho, varios de los cantadores de tono, como se les denomina, han fallecido y el único testimonio audiovisual fue el que quedó aquella vez.

La decisión

Al regreso de esa grabación, nos damos cuenta de que teníamos un material muy valioso porque la cultura se entrelazaba con la música, la religiosidad, el trabajo de llano y la cotidianidad en la sabana. 

Elkin no le tuvo miedo a hacer cosas grandes y al ver todo eso nos convenció de hacer una película para competir con las grandes producciones. Sin embargo, la financiación seguía siendo un gran obstáculo, incluso nos quebramos y aunque muchos quisieron ayudar, nunca se concretó nada.

El año pasado, casi un año antes de fallecer Elkin, reunidos un día, todos tomamos la decisión de terminar el proyecto, de no dejar hundir el barco. Nadie iba a cobrar un peso por su trabajo, pero teníamos la fe de que íbamos a estar en Cartagena, estábamos convencidos de eso. Sabíamos que apenas estuviera editado, podíamos estar en el Festival. 

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Al final, no sabemos cuánto costó el largometraje porque fue entre amigos que lo hicimos, el cine se hace con amigos, de hecho, uno de los requisitos para postularse en el FICCI es tener todo al día y no deberle nada a nadie, y así fue.

Haber sido selección oficial del Festival de Cartagena nos abre muchas puertas, es estar en el festival más importante de Latinoamérica, lo que sigue es llevarlo a otros eventos internacionales, exhibirlo en plataformas de streaming y finalmente en televisión. La idea es que la película sea parte del patrimonio fílmico colombiano.  

La premier 

El pasado 17 de marzo, cuando llegamos a la primera presentación del FICCI, en la Torre del Reloj de Cartagena, había muchos extranjeros que se asombraban cada vez que salían paisajes y caballos, pero los más asombrados fueron los mismos colombianos quienes no creían que todo lo que vieron en la película existiera y estuviera a punto de desaparecer. 

Yo tenía un nudo en la garganta porque era ver que el sueño de Elkin se había cumplido; mis compañeros estaban llorando y aunque yo intenté contener las lágrimas, al final también lloré y pedí un aplauso por Elkin, por su constancia y ganas de terminar la película.  Su ‘Llano fue’, ahora sí fue.  

Recuerdo que la última vez que hablé con Elkin de la película fue pocos días antes de su repentina muerte. Recordé que me preguntó con total certeza: ¿cuándo nos vamos para Cartagena?  

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