Cuento: refinería y biofinería | Opinión

Por Nelson Augusto López

Consultor

Lejos de abrir las puertas para que la región escale en su desarrollo, los macroproyectos la han puesto en reversa. Primero fue la refinería, una idea que no se consolidó como proyecto y que solo prendió una llama de problemas, enredos y frustración.

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Pero había otro proyecto más creíble que generaba confianza. No recuerdo el especialista que habló en Villavicencio sobre bioeconomía como una oportunidad para la Orinoquia. La nueva revolución verde para aprovechar nuestro capital natural.

Es la industria de la biomasa. “Nuevas tecnologías que permiten pasar del aprovechamiento de la fotosíntesis de hace 40 millones de años al aprovechamiento de la fotosíntesis en tiempo real”. Maravilloso.

Nelson Augusto López

Pasaríamos de las refinerías de petróleo proveniente de reservas fósiles a las biofinerías, o tendríamos otra fuente de energía más sana en términos ambientales. La biomasa de la caña de azúcar es la materia prima para la producción de etanol en las biofinerías. Fantástico.

La Altillanura tiene suelos óptimos y áreas para la producción de caña de azúcar, que son escasas en el Valle del Cauca donde ya no cabe una mata más. Vienen los ensayos con distintas variedades para seleccionar las mejores. La biofinería tiene nombre: Bionergy y se instala en Puerto López.

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La región está hecha: un clúster de etanol, reconversión productiva, generación de empleo y riqueza. Es el despegue de la Altillanura. Algunos productores locales se llenan de confianza y cambian sus actividades agrícolas por caña de azúcar. Pero viene el golpe en plena pandemia: la liquidación de Bionergy, con cerca de 20 mil hectáreas de caña de azúcar a su alrededor.

Si la refinería fue una costosa ilusión, la biofinería despegó y estalló en pleno vuelo por el mal manejo de los recursos, con un grave impacto económico y social y el deterioro de la confianza inversionista en la Altillanura. Un enorme pasivo para la región. El reto es recuperar y reactivar la empresa.