¿De verdad somos solidarios? | Opinión

Foto: Santiago Herrera

Por Guillermo Herrera Morales 

El asesinato en Bogotá de Javier Ordoñez, ingeniero aeronáutico, estudiante de derecho, hijo, esposo y padre de dos hijos, a manos de policías que abusaron de su poder, es el reflejo de la intolerancia que existe en nuestro país, sin importar si proviene de un integrante de la fuerza pública, de un civil o de un activista político.

Esa misma intolerancia que rechazan quienes protestan o invocan manifestaciones, se manifiesta de igual forma en sus acciones al destruir y generar caos, incluso la muerte.

No sé si a los hijos de Ordoñez, a los familiares de Dylan, o de los policías caídos o de muchas otras víctimas de esta polarización, este caos les llene ese vacío por la ausencia de su ser querido.

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Estos actos de vandalismo solo beneficia a unos políticos que, desde un cómodo sillín, con un celular en la mano y no más de 280 caracteres, mueven como marionetas a quienes protestan manifestando defender los derechos, y a quienes dicen defender la democracia.

A la calle salen manifestantes argumentando ser solidarios con determinada víctima. ¿Cuándo será que los colombianos entendamos que la solidaridad no se expresa generando odio o violencia?

Me preguntó si a cambio de incitar a la protesta violenta, se hubieran unido para ser veedores de una investigación que conlleve a una condena ejemplar de los uniformados, y que no termine solo en una suspensión temporal y luego en un traslado a otra guarnición, distrito o comando.

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La solidaridad estaría mejor expresada si un colectivo de abogados asesora a la familia de Ordoñez en una demanda contra el Estado, que permita a sus dos hijos menores de edad acceder a una indemnización económica, que, ante la ausencia física del padre, les permita asegurar un futuro con oportunidad de estudio y una vivienda digna.

Estas jornadas de violencia solo satisfacen a quienes las generan. Ese mismo odio del que se aferran en elecciones cuando de ejercer el derecho al voto se trata. No miran quién o quiénes son los mejores candidatos que nos van a representar, o las mejores propuestas. En Colombia nos acostumbramos a votar “en contra de”, por el simple hecho de estar en la otra orilla del espectro político en el que creo.

Cuando utilicemos la razón y no el odio al momento de votar, comenzaremos a derrotar la polarización que amenaza con consumir este país.

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